La reproducción de la visión mediática

Por Javier De León / PúblicoGT

La semana pasada en una de las clases del último semestre de la carrera en la Universidad, alumnos de dos disciplinas de Ciencias Sociales discutieron sobre el tema de políticas públicas y de gobierno. Como suele pasar en muchos espacios, el tema despertó, a partir de dos posiciones, un acalorado e interesante debate.

Una de las posiciones argumentaba que en nuestro país no existen políticas públicas, que lo único que se ha implementado son paliativos paternalistas con objetivos electorales. La segunda posición agregó que si bien es cierto que existe debilidad en cuanto a las políticas públicas que resuelvan problemas de fondo, es importante reconocer, dejando por un lado la pasión, que se han dado avances. Para citar un ejemplo de interés nacional que trasciende en el tiempo: la Ley de Libre Acceso a la Información.

Hasta este punto todo bien. Cualquier ejercicio en donde se den el intercambio de ideas siempre se debe reconocer, sobre todo si recordamos que en la sociedad guatemalteca es complicado encontrar formas de comunicación. No obstante, conforme trascurrió el tiempo, la discusión fue derivando en la utilización de juicios de valor respecto al tema referido que, como suele pasar, lo único que resulta de esta forma es no lograr alcanzar algunas conclusiones que nos permitan superar vacios o desconocimientos.

La utilización de este ejemplo surge a propósito de la constatación de dos cosas importantes. Primero: El discurso que un sector importante de la población maneja respecto de la administración pública, las políticas públicas y las personas con las que se relaciona este ejercicio. Sustentado sobre la idea de que lo público es deficiente y, a menudo, que quienes trabajan en estas instituciones, en su mayoría, están vinculados con actos de corrupción. Y en donde su opuesto, por lógica, sería lo privado y lo mejor.

Segundo: Se puede decir, respecto a los programas sociales del actual gobierno, que la idea predominante es que éstos son programas de carácter paternalista con fines electorales. Pero el argumento que a menudo acompaña el anterior es que quienes se benefician de este tipo de política de gobierno, lo hacen de forma ingenua y, en el caso del apoyo económico que reciben de parte de este programa, es mal utilizado para la ingesta de bebidas alcohólicas.

De esta forma de concepción del mundo se puede constatar algo que ya ha sido ampliamente explicado: Esta sociedad se basa sobre concepciones racistas. El contenido de este discurso ha permanecido durante mucho tiempo y se ha ido perpetuando al grado de internalizarse y aceptarse como la norma. Es más, en diferentes espacios se evidencia desde cosas muy sutiles hasta actitudes de lo más grotescas. El espacio universitario no está ajeno a esta compleja problemática.

Para el caso que nos ocupa y que se extiende a toda la sociedad, muestra la ausencia de una visión crítica sobre la realidad derivado de los niveles de educación y de su calidad. Pero también es muestra de cómo los medios comerciales de comunicación han sido efectivos para imponer un discurso intencionado, que se expresa en los comentarios que sobre distintos fenómenos sociales se hacen y escuchan.

El trabajo ha sido muy fino, paciente y largo. Pero es evidente que ha representado frutos. El esfuerzo entonces podría encaminarse a la amplificación de otras fuentes de información, y de lograr identificar los intereses que están detrás de cada información que se brinda en todos los medios masivos. Al final lo que se logra no es un bien individual, sino un bien que tiene que ver con la sociedad y el régimen democrática que día con día se intenta fortalecer y construir a partir de una participación ciudadana, que empiece por reconocer la importancia de estar informado de manera alternativa a lo que los medios acostumbran.

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