Economía y humanismo

Autor: Jairo Alarcón Rodas

El establecimiento de una vida plena en satisfactores para la convivencia social, determina que los seres humanos establezcan qué y cómo producir. Es decir, un modelo económico que les permita proveerse de bienes para su existencia. Toda sociedad está constituida por individuos que interaccionan para la consecución de un bien. Pero no sólo eso es lo que determina que los seres humanos se unan. Mas allá de la búsqueda conjunta de satisfactores, existen vínculos  que tienen por finalidad el acrecentamiento de la espiritualidad, entendía ésta como un epifenómeno de la materia. Los seres humanos no se unen simplemente por un interés  económico. Se unen para compartir una existencia que les permita su desarrollo pleno.

Un modelo de sociedad ideal contrasta mucho con  lo que ha sucedido a lo largo de la historia. El ser de la humanidad poco o nada ha tenido que ver con el establecimiento de paradigmas sociales donde la ética ostente un papel fundamental. Lógico es suponer que el desarrollo de todo proceso complejo es lento, y que la humanidad ha tenido un período muy corto de estadía en este planeta. Con apenas poco más de 50 mil años, los seres humanos recién comienzan a caminar en el proceso ascendente  de su humanización. Sabiamente Karl Marx  señalaba que la misión, para la búsqueda del desarrollo de la humanidad consistía en primeramente, liberar al ser humano de sus necesidades económicas, para hacerlo realmente humano.

La humanidad depende, para perpetuarse, para subsistir,  de la satisfacción de sus necesidades mínimo vitales. Su interés primario consiste en tener cubiertas esas necesidades, por lo que el cúmulo de sus potencialidades se orienta al alcance de ese fin. El poder comer, el vestirse, el tener una morada son requerimientos que les obligan a trabajar en pos de su satisfacción. A éstas les siguen otras de igual importancia como la salud, la educación y la distracción. Cada momento que la sociedad crece, se complejiza,  surgen dentro de sus habitantes nuevas necesidades por satisfacer.  Sin embargo, la productividad necesaria para ese fin, muchas veces se genera a partir de la explotación del hombre por el hombre.

¿Cómo se genera la riqueza?, ¿qué es lo que hace que los seres humanos produzcan? Cabe señalar que, para algunos, la riqueza se genera a partir del apetito natural de lucro que poseen todos los seres humanos. Es decir, cada persona quiere estar mejor, vivir más cómodamente y para ello se instala dentro del mercado de trabajo: producir para obtener riqueza y con ello lograr satisfactores. Ello determina que se dé una competencia entre los productores. Competir para lograr un mercado  y a partir de ahí obtener ganancias. La competencia determina el surgimiento de ganadores y perdedores y con ello la división entre los que poseen la riqueza y los que no.

Por otra parte, el apetito de lucro se hace desmedido. ¿Qué o quién determina hasta dónde se puede acumular riqueza? En tal sentido la riqueza se concentra en un reducido número de personas  y ya no llega a los diversos sectores de la sociedad. Creándose a partir de ahí, una brecha entre los que poseen y los que no tienen lo mínimo para vivir. La miseria se acrecenta y la humanidad sufre las consecuencias de tal fenómeno: violencia, desnutrición, mortalidad infantil, en fin, incivilización.

En el socialismo lo primordial consiste en proveer a todos los miembros de la sociedad  de los satisfactores mínimos de subsistencia. Para lo cual el Estado se convierte en el único ente generador y administrador de riqueza. Y es que el permitir que existan personas particulares que posean medios de producción, determina el surgimiento de clases sociales y con ello el antagonismo de éstas. Pero, ¿de que incentivos proveer para que las personas que trabajan en el Estado generen riqueza, logrando con ello el crecimiento económico de la comunidad? Indudablemente que este tipo de sociedad requiere de nuevos valores entre sus miembros, valores que consoliden los nexos solidarios entre cada sector que la integra. Valores como la solidaridad, la subsidiaridad, dicho de otra forma, la construcción de valores donde se interiorice aquel lema que dice: de cada quien según su capacidad a cada quien según su necesidad en procura del bien común. Donde el cooperativismo sustituya al egoísmo y la riqueza se produzca a partir del convencimiento de que sólo de esa forma se logrará el desarrollo integral de la sociedad. Tal planteamiento suena utópico, pero no es acaso de utopías que se han forjado las aspiraciones humanas.

Nuevamente nos ubicamos en el deber ser de la humanidad, en la que los nexos humanitarios propiciarán que cada individuo esté pendiente de su semejante y presto a brindarle ayuda en el momento que sea preciso. Son valores solidarios y humanos que constituirán un preámbulo para la consolidación de una nueva sociedad. Quizá estemos muy lejos de alcanzar ese grado de desarrollo, sin embargo es necesario dar el primer paso, humanizando la economía, partiendo del criterio de que la riqueza es potestad de toda la humanidad.

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