Carta abierta al Rector de la USAC

Carlos Figueroa Ibarra.

Lic. Estuardo Gálvez

Rector Magnífico de la USAC.

Distinguido señor Rector:

Con todo el respeto que  su  investidura  me merece me tomo la libertad de dirigirme a usted con motivo del despido injusto del insigne guatemalteco Alfonso Bauer Paiz. Este reprobable hecho que  lastima a Guatemala, al Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES), a la Facultad de Ciencias Económicas y a la universidad que usted encabeza puede ser resuelto si existe voluntad política y  respeto elemental al patrimonio moral del país. No necesito mencionarle señor Rector los múltiples atributos que constituyen la grandeza ética y académica  de Alfonso Bauer Paiz. Podremos  coincidir y discrepar de su ideario, pero seguramente usted y muchos guatemaltecos y guatemaltecas más estarán de acuerdo que con respecto a un hombre como él, podrían estarse discutiendo muchas cosas, por ejemplo un homenaje a su  persona, pero nunca si se le despide de la Universidad de San Carlos de Guatemala

Sobre el motivo de su despido han circulado varias versiones. Me quedo  con la explicación que me ha dado respondiendo a una misiva mía, el Director del IIES, Lic. Franklin Valdés. En un intercambio lleno de cariño y respeto, el Lic.Valdés me ha dicho que a Alfonso Bauer Paiz no se le ha despedido sino simplemente no se le renovó el contrato pues ocupaba una plaza de manera interina y el titular de la misma ha regresado a ocuparla. La no renovación del contrato en realidad es un despido.  El propio Alfonso Bauer Paiz en un principio comunicó que usted había intervenido y se le había recontratado.  La feliz noticia se tornó en desencanto, pues el Lic.  Bauer Paiz ha escrito de nueva cuenta  explicando que solamente se le ha recontratado por seis meses y eso no le parece aceptable. Toda esta situación señor Rector me parece indignante. Y créame usted que mi indignación no nace de mis afinidades ideológicas con Alfonso Bauer Paiz. Le aseguro a usted que si en el caso  hipotético e improbable el recientemente desaparecido economista Manuel F. Ayau hubiese estado en una similar circunstancia, mi indignación hubiese sido la misma e igualmente la hubiese hecho pública. La razón es muy sencilla. Hay figuras en la vida nacional que por ajenas que sean a nuestras formas de pensar, deben ser tratadas con respeto y consideración.  El Estado y la sociedad tienen la obligación de velar por ellas. Tal es el caso de Alfonso Bauer Paiz.

En otro país lo que ahora se estaría discutiendo en su máxima casa de estudios sería el otorgamiento de un Doctorado Honoris Causa para él y no como sucede en Guatemala y en la universidad a su digno cargo. Se discute si se le despide o no,  o si se le contrata por seis meses o por un tiempo más. Peor aún, una personalidad como él, que escribió desde los años cincuenta un clásico de la literatura social en Guatemala (“Como opera el capital yanqui en Guatemala”), es contratado por la USAC porque hay una vacante de manera interina. Una sociedad que maltrata de esa manera a sus hijos más ilustres, es una sociedad que no se respeta a sí misma.  Y ello forma parte de la explicación del camino del desastre en que ahora vivimos.

A fines de los años setenta y principios de los ochenta  la USAC empezó a vivir sus momentos más terribles. En  aproximadamente tres años  centenares de universitarios fueron  asesinados y desaparecidos. Muchos  más tuvimos que salir del país. Particularmente me tocó presenciar cómo el más grande historiador del país y acaso el más importante de Centroamérica, Severo Martínez Peláez, literalmente tuvo que salir huyendo del campus de la USAC en la noche del mismo día que Alberto Fuentes Mohr fue asesinado. Severo volvería a la USAC a  recibir un Doctorado Honoris Causa  cuando  el mal que lo llevó a la muerte se encontraba avanzado. Pero quiero contarle señor Rector, que Severo ocupó hasta el día de su muerte la plaza de investigador del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades pese a que sus facultades estaban notablemente mermadas. Y esto se debió sobre todo a la solidaridad del ex Rector de la hoy Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y después Director  de dicho instituto, Alfonso Vélez  Pliego, hoy también lamentablemente desaparecido. ¿Qué hubiera pasado si  Severo se hubiese enfermado estando en la USAC? No quiero pensar que también se le hubiera despedido porque habiendo salido al exilio no hubiera tenido derecho a una jubilación.

Señor Rector, no permita usted que semejantes injusticias sucedan en la universidad a su cargo. No permita usted que lo que antes se hacía a través del asesinato y el destierro,  ahora se haga a través de procedimientos burocráticos que sinceramente parecen pretextos que disfrazan  la intolerancia y falta de respeto a la diversidad imprescindible en la academia.

Con el mayor de los respetos le envío muestras de mi consideración.

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