Reflexiones de un mono pensador

Por Javier De León

La semana pasada fue asesinado Víctor Aroldo Leiva Borrayo, de 24 años, conocido en su círculo de colegas y amigos como “El Mono”. Según se sabe, el apodo se debe a su habilidad acrobática. Su asesinato llenó de consternación a toda la gente que le conoció, sobre todo por que sabían de la trascendencia del aporte que hacía desde la expresión artística, en un país en el que la rutina diaria demerita el arte, como una forma de entender y transformar entornos en donde la característica única es la violencia acompañada del miedo. Pero el hecho que más se puede lamentar en nuestro país es que jóvenes entre los 20 y los 30 años, de acuerdo a las estadísticas oficiales, son quienes engrosan las estadísticas de asesinatos.

Luego de la noticia, la información del asesinato se fue propagando rápidamente por diferentes medios electrónicos, principalmente. Los mensajes, cargados de impotencia, rabia e indignación, se contaron por más de una decena. Además, cada mensaje iba dando forma al signo que podría caracterizar a esta sociedad en la actual época: dolor, hartazgo, apatía, políticos corruptos, miedo, abatimiento y desencanto.

Esta reacción parece mostrar que en cuanto más se acerca a nuestro espacio la violencia y el asesinato, los niveles de indignación aumentan, pero, además, viene acompañada de un sentimiento de persecución, causada por la posibilidad de que en cualquier momento el asesinato o cualquier hecho de violencia puede sucederle a cualquiera y en cualquier momento. En buena parte de casos, esta situación se traduce en miedo, o en una especie de sentimiento de desanimo que, podríamos decir, ha venido dando forma a una cultura de la desesperanza.

A pesar de los niveles de violencia y de los efectos que en nuestra sociedad se expresan, son las palabras de Víctor Aroldo Leiva Borrayo, plasmadas en una entrevista a través de un video realizado por el documentalista Misha Prince, las que nos devuelven la esperanza y que nos permite pensar la historia en perspectiva. En el video, publicado en un sitio de Internet, se puede apreciar cómo Borrayo, a quien no le era ajeno este fenómeno y que lo vivía cotidianamente, entiende las causas de la violencia y el miedo, y ofrece una explicación:

“La gente piensa que ya no hay alternativa”, le preguntan, “porque mis amigos piensan eso, que ya no se puede vivir en Guatemala. Con tanta violencia ya no se puede vivir más… La televisión y muchos medios de comunicación se han encargado de meter ese miedo”. A lo que Borrayo responde: “Hay que tener miedo, pero hay que aprender a utilizar el miedo”. Y sobre el tema, un aspecto importante es cuando en la entrevista se le pregunta sobre qué piensa del miedo. Responde: “Hay que aprender a utilizar el miedo que uno tiene adentro e investigar para no dejarse manipular por la televisión ni por alguna persona que venga a decir ‘mira que mataron a alguien’. Eso solo te mete más miedo, te dice que ya no podes vivir y que ya no servís para nada. No tiene que ser así, hay que conocer, hay que probar”.

Al final del video Leiva Borrayo, responde a la pregunta del significado de su sobrenombre: “Mono”. Señala que, principalmente, se debe a su habilidad corporal y a sus ganas de “molestar” (ser bromista), pero que en su proceso de crecimiento como ser humano él había adquirido otras características. “Ahora me siento como un mono grande, un mono que conoce más cosas. Ahora me siento como un mono ágil, fuerte, pero como más pensador”, finaliza.

En síntesis: nuestra visión de la realidad puede ser asumida por gente cercana a nosotros. El pesimismo y la lógica de que nada cambia, puede llegar a tener un efecto multiplicador con un resultado final para nada deseable.

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