¿Y la opción por los pobres?

Ricardo Ernesto Marroquín

ricardomarroquin@gmail.com

“La diferencia de cualidades y habilidades hace inevitable que algunos logren un dominio más amplio sobre los bienes que otros.” Conferencia Episcopal de Guatemala

Recientemente la Conferencia Episcopal de Guatemala (CEG), integrada por todos los obispos católicos del país, emitió la carta pastoral “Construir en justicia, inspirados por Dios. El Desarrollo Humano”. En el documento los jerarcas católicos hacen un repaso sobre las que consideran, son las principales causas que impiden garantizar una vida digna a la población guatemalteca.

Vale la pena conocer el contenido de este documento oficial de la Iglesia católica en el país, ya que una buena parte de la población guatemalteca pertenece a esta institución. Otra razón importante es que las autoridades de esta institución juegan un papel importante en el desarrollo de la política nacional, aun cuando el Estado de Guatemala es, por definición, laico.

Uno de los principales aciertos de la CEG es la manera en que se caracteriza la situación del campo. “La pobreza que se ve en el agro obliga a que campesinos e indígenas migren buscando condiciones de trabajo y salarios más dignos. Alimenta este fenómeno la falta de oportunidades que enfrentan sobre todo los jóvenes. Las consecuencias que se dan son de enorme gravedad tanto a nivel personal como familiar y cultural”, señala el documento.

Además, la carta pastoral señala que es una tergiversación del concepto de la propiedad privada cuando éste se utiliza como una invocación para “justificar el acaparamiento de bienes de parte de unos pocos en detrimento de muchos”.

Una buena apreciación la de los obispos católicos que, gracias a su trabajo pastoral, tienen la oportunidad (sobre todo los que viven en el interior del país) de conocer de cerca la situación de pobreza en que se encuentran miles de familias guatemaltecas, producto de este sistema capitalista que se vale de la violencia para acumular en pocas manos los beneficios del trabajo de la mayor parte de las personas.

Sin embargo, entre tantos aciertos sobre la realidad nacional, la Iglesia católica vuelve sobre sus mismos pasos para emitir un mensaje que únicamente justifica la desigualdad y la explotación de la mano de obra de miles de hombres y mujeres que se encuentran condenados a la miseria.

Uno de los principales argumentos de los empresarios y finqueros de este país para acumular los medios de producción, es la supuesta incapacidad de las familias campesinas y trabajadoras para emprender procesos económicos que les garanticen los recursos necesarios para asegurarse una vida digna. Este argumento ha servido de base para la configuración de un Estado que no atiende las demandas de la mayor parte de la población y, que además, emite políticas que únicamente han generado más pobreza y desigualdad.

“La diferencia de cualidades y habilidades personales”, asegura la Carta Pastoral del CEG, “las diferencias de iniciativa económica y de inventiva empresarial entre las personas, hace inevitable que algunos logren un dominio más amplio sobre los bienes que otros”. Con esta idea, la Iglesia católica ignora intencionalmente la historia de nuestro país, que registra la apropiación, por ejemplo, de las tierras que pertenecían a los pueblos indígenas y que ahora se encuentran injustamente en las manos de los finqueros. Ignora cómo los gobiernos militares y neoliberales han favorecido la creación y fortalecimiento de una élite económica que se opone férreamente a implementar políticas de redistribución de la riqueza, como el pago de impuestos y la fijación de un salario mínimo que cubra, por lo menos, el costo de la canasta básica.

Es difícil pensar en la promoción de un pensamiento progresista a lo interno de una institución tan añeja como es la Iglesia católica. Sin embargo, ante la situación actual en que se encuentra la mayor parte de la población guatemalteca, sería interesante volver la mirada a la propuesta de la “opción preferencial por los pobres”, que tanto auge cobró en los países latinoamericanos y que llenó de contenido social las ideas de tantos sacerdotes y monjas que optaron por construir un pedazo del cielo en este mundo.

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