¿Dónde están?

De vez en cuando camino al revés: es mi modo de recordar. Si caminara sólo hacia delante, te podría contar cómo es el olvido.” H.A.

Por Lourdes Alvarez

lunajera@gmail.com

Hace 26 años mi madre compartía un cumpleaños más con uno de sus hermanos. Lo amaba mucho y admiraba. “Carlos era guapo y muy inteligente”, recuerda ella. Era una celebración típica de familia numerosa, todos se reunían en la casa de la abuela, compartían, celebraban y conmemoraban la vida.

Todo cambió aquel noviembre de 1984 cuando un grupo armado secuestró  y asesinó a cuatro miembros de esa  familia: mi tío Carlos Najera Ramirez, su esposa María Elena Rixtun, mi abuela Juana Ramírez y otra tía Isaura Hernández. “Es un dolor y tristeza que no se puede explicar con la boca, pero que tampoco se puede olvidar”, dice mi mamá.

El dolor vivido por la impunidad que aun pesa sobre este caso se incrementa cada día al desconocer el paradero de los dos hijos de mi tío Carlos. “Cuando terminamos de enterrar al último que apareció, nos dimos cuenta que los abuelos maternos se habían llevado al hijo e hija de tu tío Carlos. Nunca más supimos de ellos” añade mi mamá.

El informe de la Comisión de Esclarecimiento Histórico (CEH) señala que una de cada cinco víctimas durante el conflicto armado era menor de edad. Del total de víctimas registradas, 6.159 personas fueron desaparecidas forzadamente. De ellas, un 11% corresponde a casos de niñez desaparecida. Además, el 60% del total de muertos por desplazamiento forzado corresponde a niñas y niños.

El informe “Hasta Encontrarte” delinea diversos rostros de la niñez desaparecida e indica que algunos son hijos, hijas o familiares de población civil no combatiente; población desplazada interna; de comunidades de población en resistencia; otros de dirigentes de organizaciones sociales, religiosas y militantes de los grupos insurgentes.

Si bien, en el caso de mis primos, ellos fueron sacados por sus propios abuelos ante el asesinato de sus padres, la CEH en su informe “Guatemala Memoria del Silencio”, plantea la necesidad de que el Gobierno promueva con urgencia, actividades orientadas a la búsqueda de la niñez desaparecida, incluso aquella que fue separada ilegalmente de su familia.

El contexto vivido en esos momentos seguramente no permitía tomarse tiempo suficiente para una decisión de ese tipo, pero bajo ningún argumento es posible que se haya negado el derecho a los otros familiares de saber sobre su paradero, ni en ese entonces ni ahora. En este círculo no se vio afectada únicamente la familia que quedó. Al negarles u ocultarles el conocimiento de su origen, se violaron graves derechos de mis primos.

No se puede construir una sociedad desarrollada basada en heridas que no han cicatrizado. Es necesaria y urgente la voluntad del Estado para promover  las  condiciones necesarias que garanticen el esclarecimiento de los casos de niñez desaparecida durante el conflicto armado interno. Las familias ya esperaron suficiente, necesitamos saber dónde están.

Te gusto, quieres compartir