Cambio pero “en serio”

Por Lourdes Álvarez

El diálogo comenzó entre dos desconocidos pero contemporáneos. Uno le preguntó al otro si tenía la hora y el otro contestó: son las dos con treinta.

El que preguntó la hora siguió la conversación y dijo que todo el país estaba en crisis y se lamentó por la gran fila que había para realizar algunos simples pagos en un banco del sistema. El que contestó las dos con treinta asintió con la cabeza y añadió que trabajaba medio tiempo en un call center, de 5:00 hrs a 14:00 hrs y que no era justo salir del encierro del trabajo para meterse en otro.

De nuevo el que preguntó la hora tomó la palabra y aseguró que era duro trabajar para ganarse la vida, pero añadió que es necesario hacer el mayor esfuerzo posible cada día y siempre dar más allá de lo que piden, ya que esa es la receta que conduce al éxito y que separa a débiles de fuertes.

El que contestó las dos con treinta dijo que los buenos en el país somos más, pero que el mayor problema de todos es la inseguridad, la violencia, matanzas, explosiones en buses y le preguntó al que preguntó la hora si había visto el video del asalto a un bus de Villa Nueva.

El que preguntó la hora entró en cada detalle de ese video, dijo que lo vio al menos 10 veces y lo publicó en su facebook para prevenir a sus amistades y familiares. Maldijo brevemente a los políticos y aseguró que deberían hacer con urgencia algo al respecto. Hablaron sobre las próximas elecciones, sus opciones políticas y dijeron que todos los candidatos son lo mismo. Concluyeron que es mejor votar por quien combata “en serio” el problema de la inseguridad porque no es posible perder turistas y dinero por esta causa que genera subdesarrollo. La fila avanzó y los desconocidos se perdieron.

La ignorancia, el miedo, la desconfianza en la práctica política, hacen que cada día la apatía se enraíce en la juventud alejándola del análisis y la crítica necesarias para reconocerse como sujetos capaces de cambiar el curso de la historia.

Los personajes de este relato se valoran a sí mismos como emprendedores, positivos y triunfadores, porque la industria y la vida así lo exigen. Nadie puede aplicar a un trabajo si no se considera capaz de pelear por un ascenso, aunque este únicamente implique Q500 quetzales más por tres veces la misma responsabilidad. No se reconocen como parte de un colectivo de oprimidos y explotados, se autodenominan hombres y mujeres en búsqueda de éxito, claro, el éxito que implica propiedades materiales, ascensos y mucho dinero. Es en pro del orden social que cada día se alienta esta imagen, ese orden que mantiene a unos pocos arriba con todo y a otros abajo sin nada.

Identifican a la inseguridad como el principal problema, pero no toman en cuenta sus causas estructurales ubicadas en la pobreza, pobreza extrema y exclusión.

Esos jóvenes como la mayoría de población guatemalteca, acostumbrada y educada para aceptar estereotipos, ubica su próximo voto en el candidato “menos malo” generando una decisión apresurada y en función de una campaña de moda con líderes carismáticos y de magnífica oratoria listos a expresar justo lo que las masas necesitan escuchar.

La juventud no necesita eso, pero sí de cuestionar y debatir su realidad, no dar por verdadero todo lo que nos imponen, no acostumbrarse y acomodarse.

Es seguro que de esa juventud con capacidad de propuesta, análisis y debate saldrán mujeres y hombres líderes con valores activos de lealtad, justicia, colectividad y amor necesarios para un cambio verdadero y “en serio”.

Lourdes Álvarez – usacconsultapopular@gmail.com http://www.albedrio.org/

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