Guatemala: vulnerabilidad ambiental y cambio climático

Por: Roberto Cancino Toledo /PúblicoGT

En la reunión de Copenhague (COP14) en noviembre de 2009, sobre el cambio climático y medio ambiente, se dio a conocer el documento: “Evaluación global sobre la reducción del riesgo de desastres” en el cual se sitúa a Guatemala entre los diez países con la más alta vulnerabilidad ambiental del planeta. Entre estos diez países Guatemala ocupa el cuarto lugar en cuanto a la mayor vulnerabilidad a las inundaciones y deslaves.

El cambio climático y sus manifestaciones en mayor cantidad e intensidad de fenómenos meteorológicos (huracanes, deshielos y tormentas) y sus secuelas (sequías, inundaciones, derrumbes, deslaves, etc) tiene su origen (comprobado científicamente) en la mayor emisión de gases de efecto invernadero (GEI) que han venido a incrementar el calentamiento global, el cual paradójicamente tiende a afectar en mayor grado e los países en desarrollo, y en menor grado a los países hoy industrializados, responsables de las emisiones, que han sustentado su proceso de crecimiento económico en el consumo de combustibles fósiles. Sólo Estados Unidos, que cuenta con sólo el 4% de la población mundial, contribuye con el 25% del total de las emisiones de GEI.

Sin duda, las emisiones de gases de efecto invernadero son determinantes en la variabilidad climática y el desequilibrio ecológico asociado con la mayor incidencia de los fenómenos meteorológicos como el del niño (sequía) y el de la niña (exceso de lluvias) que se tornan en “desastres naturales”, en la medida que su presencia afecta áreas donde se ubican bolsones de población en condiciones de alta vulnerabilidad. Desafortunadamente en ninguna de las convenciones internacionales del cambio climático, se ha logrado hacer vinculantes las decisiones de reducir las emisiones y sólo hay promesas de financiar acciones de mitigación y adaptación, que al final de cuentas sólo persiguen que los países en desarrollo se conviertan en sumideros de carbono.

Países como Guatemala, que tienen una contribución marginal dentro del total de emisiones, resultan ser de los más vulnerables ante los fenómenos meteorológicos, contribuyendo en esto, la ubicación geográfica del país (rodeado de tres placas tectónicas: Caribe, Cocos y Norteamérica) y con costas en el lado del Pacífico y del Atlántico. Además, la vulnerabilidad ante las amenazas, se magnifica ante los altos niveles de pobreza, la prevalencia de un modelo económico excluyente y la falta de efectividad de las políticas públicas en materia de ordenamiento territorial, seguridad alimentaria y de desarrollo rural en general. A esto se suma el impacto asociado al alto grado de deforestación, el uso arbitrario de agroquímicos, el cambio del uso del suelo y el uso intensivo del valioso recurso agua en los megaproyectos de minería, hidroeléctricos y más recientemente la expansión de los agronegocios. En el caso de Guatemala, la recurrencia de fenómenos (Huracán Mitch en 1998), (Sequía en 2001), (Huracán Stan en 2005), (Sequía en 2009), (Huracanes Agatha, Alex, Frank en 2010) y (Erupción del volcán de Pacaya en 2010), evidencia la mayor cercanía entre cada evento y como el país no está preparado para atender los daños acumulados de los mencionados fenómenos que no sólo afectan infraestructura (puentes, viviendas, escuelas, carreteras, etc) cosechas, y vidas humanas, sino también la dinámica de la actividad económica, independientemente de que las restricciones presupuestarias obligan a acudir a procesos de endeudamiento público, para hacer frente a los retos de la reconstrucción.

Un elemento que sale a relucir como producto de la acumulación de desastres, es la debilidad de la seguridad alimentaria, en la medida que tanto los periodos de sequía como los de exceso de agua, se caracterizan por dañar un gran porcentaje de alimentos básicos (maíz, frijol, arroz, entre otros) que agudizan las condiciones de desnutrición crónica (49% de la población menor de cinco años sufre de desnutrición crónica) desnudando así, un problema estructural altamente relacionado con la desigual distribución de los recursos y de las oportunidades. En suma, la vulnerabilidad ambiental aunada a la problemática estructural, viene de este modo a agudizar la vulnerabilidad socioeconómica, y viceversa.

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