Un Obispo para los sin voz

Los años ochenta para los pueblos pobres del norte de Guatemala, fueron años de lucha y esperanza, pero también se convirtieron en años de represión y muerte, con la implementación de políticas de tierra arrasada y de ataque indiscriminado para las poblaciones en donde se consideraba que se encontraban actuando los guerrilleros.

La represión que impulsó el gobierno de facto del General Efraín Ríos Montt obligó a miles de campesinos a buscar el amparo de la montaña y cuando a ésta llegaron los helicópteros y aviones artillados a destruir todo aquello que representara vida humana, a los campesinos pobres no les quedó otra que cruzar la frontera, muchas personas no tuvieron ni idea de la odisea vivida por las mujeres, los ancianos y los niños que huyendo de la muerte y en busca de la vida cruzaron montañas, ríos y veredas para alcanzar territorio mexicano.

Los territorios fronterizos entre México y Guatemala,  fueron los primeros lugares de asentamiento, sin embargo, las comunidades enteras que se concentraron en la frontera, se encontraron muy rápidamente entre dos fuegos, por un lado el ejército guatemalteco que les perseguía para aniquilarlos por considerarlos fuerzas de sustento de la insurgencia guatemalteca y por el otro lado, el ejército y las autoridades migratorias mexicanas que no querían tener problema con el ejército guatemalteco e instaba a los pobladores a volverse a su país.

Los campesinos mexicanos eran parte de la iglesia de Chiapas y ésta se encontraba dirigida por un obispo con visión de ayuda a los pobres.  De los campesinos mexicanos los campesinos guatemaltecos no solo recibieron refugio y amparo, también encontraron el camino para llegar hasta “Don Samuel”.

Don Samuel Ruíz era el obispo de Chiapas e inmediatamente organizó todo un equipo de atención y apoyo a los refugiados guatemaltecos.

De la iglesia de Don Samuel comenzaron a llegar alimentos, vestidos y mecanismos de apoyo para que los guatemaltecos que querían salvar la vida no sólo tuvieran paz y tranquilidad, sino además escuela, que se educaran las niñas y niños, que se prepararan los educadores que atendieran a los menores y que se organizara el trabajo.

Don Samuel, sabía que el refugio no era para unos pocos días, el conflicto en Guatemala no se resolvería pronto, muchos jóvenes mexicanos mujeres y hombres llegados de diversos lugares tuvieron en los campamentos de refugiados guatemaltecos un lugar en donde constatar los impactos de la guerra y en donde aportar de manera solidaria a los más necesitados, no fue solo compartir el evangelio, era compartir la vida, el pan, el sufrimiento. Cómo vivir con lo más elemental, largas jornadas de camino para llegar a espacios semi selváticos en donde las y los refugiados vivieron por más de una década.

Gracias a Don Samuel Ruíz también se pudo iniciar la discusión de las formas en las que debería de organizarse el retorno a la patria, centenares de discusiones, propuestas de qué hacer y cómo hacerlo, todo ello con el amparo y apoyo de la iglesia de Don Samuel.

Hoy que nos comunican la muerte del obispo de los pobres de México, con el mayor agradecimiento que podemos brindar tenemos que decir, se ha muerto el obispo de los pobres de América, pues siempre en Chiapas, había un lugar para descansar, alimentarse y encontrar abrigo para los más necesitados que llegaron a México y se encontraron con el obispo de Chiapas: “Don Samuel”

AGRADECIMIENTOS ETERNOS A SAMUEL RUIZ

Guatemala, 24 de enero de 2011.

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