Notas sobre tierra y democracia

Por Umberto Mazzei

Ginebra

La propiedad de la tierra es asunto muy importante, como que es el patrimonio original de cada país. Es más, pensadores como Machiavelli[1] y Montesquieu[2] han encontrado un paralelo entre la distribución de la propiedad de la tierra y el sistema de gobierno. El autoritarismo está en relación directa y proporcional con la existencia de latifundios. La participación ciudadana en la voluntad política está en relación directa con la difusión de la propiedad. En general una buena distribución de la propiedad inmobiliaria – tierras o vivienda- es básica para la paz  democrática y la integración ciudadana a la vida nacional.

Conozco el ejemplo de Italia del Norte e Italia del Sur. Italia del Norte es una constelación de medianos y pequeños propietarios y allí nacieron en la Edad Media las ideas que dieron vida al mundo moderno y la potencia económica italiana. Italia del Sur conjuga un feudalismo de sonoros títulos nobiliarios con el accionar de la Cosa Nostra en Sicilia, la Ndrangheta en Calabria y la Camorra de Nápoles, todas nacidas para apoyar el latifundio, durante los siglos XVIII y XIX. Un proceso parecido al moderno de los paramilitares colombianos. Hay también el ejemplo de dos imperios.

El antecedente de Roma

La relación entre repartición de la tierra y estructura política la documenta la historia romana. La Roma política nació al dejar de ser reino etrusco y convertirse en república de pequeños campesinos. Fueron tiempos de una Roma ejemplo de rectitud ciudadana y valentía patriota. Su primera ley agraria data de 486 a. c. porque la repartición de la tierra fue siempre central en la política romana, como que sus campesinos eran la base del ejercito. La conquista de nuevas tierras y el uso de esclavos fue creando latifundios, que desplazaron a los campesinos. En 367 a.c. la Ley Licinia trató de limitar la propiedad de la tierra, pero igual se apropiaban los nobles senadores de las tierras públicas. Al no poder competir con mano de obra esclava los campesinos romanos abandonaron el campo para hacinarse en las ciudades y vivir del Estado. Así comienzó la Roma del pan y circo.

El malestar era grande cuando el tribuno Tiberio Sempronio Graco, en 133 a. c., introdujo la Ley Sempronia que fijaba en 1000 arpentas (404 hectareas) la extensión máxima de las propiedades. El Estado absorbía el resto para darlo a los campesinos sin tierra. Los ricos armaron sus criados y lo mataron a palos. Diez años después, su hermano Cayo murió acuchillado tratando de repetir la obra. Fue el comienzo de las guerras civiles que destruyeron la República Romana y dejaron un Imperio militar.

La evolución en Estados Unidos

Antes de la Guerra de los Siete Años (1756 – 1763) las colonias inglesas en América del Norte ocupaban una franja que sólo llegaba hasta los montes Apalaches. Al oeste y el norte limitaba con la Louisiana francesa, que ocupaba ambas márgenes del rio Mississippi, del rio Ohio y del rio San Lorenzo hasta el Atlántico Norte. Al sur limitaban con la Florida española. En esa guerra, atribuida a un berrinche de Madame de Pompadour[3], Francia perdió casi todas sus colonias. En Louisiana era vencedora, aunque perdió Québec, pero con criterio difícil de entender, recuperó Martinica y Guadalupe a cambio de todas las tierras en Louisiana hasta el margen oriental del Mississippi. Eso sería crucial para los futuros Estados Unidos. Por el Tratado de Paris Inglaterra reconoció la independencia de los Estados Unidos y le entregó todas la tierras recién conquistadas al sur de los grandes lagos y al este del Mississippi. Esa región se dividió en territorios sin representación política, que  fueron determinantes para una difusa repartición de la propiedad de la tierra.

En 1776, las 13 provincias tenían la tierra repartida entre  pequeñas parcelas propiedad de granjeros individuales y latifundios otorgados a gente bien conectada, que necesariamente las trabajaban con esclavos. Aquí, como en Roma, vemos el nexo entre esclavitud y latifundio.

La guerra de independencia aumentó el número de granjeros pequeños, porque se ofreció parcelas a quien sirviera en el ejercito en los nuevos territorios. Luego, Alexander Hamilton, Secretario del Tesoro, saco a la venta tierra en los territorios a bajo precio, pero en lotes de 500 acres que los granjeros no podían comprar, pero si los banqueros que los fraccionaron y revendieron. Esos territorios fueron luego el espacio en que se asentaron granjeros venidos de Europa del norte.

Las primeras leyes sobre la propiedad de la tierra son el Ordenamiento de la tierra de 1983 y en la Ordenanza del Noroeste de 1787[4], que fijaban criterios para la repartición de la tierra y atribuía tierra de uso público (ejidos) a cada nuevo centro municipal. Sus normas rigieron la expansión territorial de Estados Unidos durante la primera mitad del siglo XIX. Fue la época virtuosa de la democracia norteamericana, cuando el poder económico de unos pocos era equilibrado por la fuerza electoral de muchos pequeños propietarios. Cuando el poder de la oligarquía representada por el filo-británico Alexander Hamilton fue frenado por la corriente popular liderada por Thomas Jefferson, admirador de la revolución francesa y presidente en 1801.

Eso ha cambiado mucho. La distribución reflejó la evolución de la influencia política. Cien años después, en 1900, la población total de Estados Unidos era de 76 millones y la rural de 30 millones (40%). Los grandes propietarios de tierra entonces eran empresas ferrocarrileras. En 1990 la población era 249 millones y la rural 62 millones (25%). La concentración urbana es un fenómeno mundial, causado por varios factores, entre la agricultura mecanizada y la producción industrial de los productos que antes producían los granjeros. Pero que el 91% de la población rural viva de salarios si es indicativo del estado de la propiedad[5].

Hoy, la propiedad de la tierra esta concentrada en empresas petroleras, seguidas por la industria forestal y la agroindustria. Los pocos granjeros dueños de su tierra producen o crían para la agroindustria. El uso de los OGM los hace empleados de los fabricantes de semillas y agroquímicos para la parte vegetal o de hormonas y antibióticos para la parte animal. La casi totalidad de la producción agrícola se hace en latifundios de grandes empresas, que emplean mucha mano de obra extranjera barata. La propiedad de la tierra esta ahora tan concentrada que los cinco más grandes propietarios son dueños de 7,8 millones de acres ( 3,16 millones de hectáreas) y el mas grande es dueño de 2 millones[6].

Ese cuadro de la mala distribución de la propiedad en Estados Unidos empeora con los millones de gente sin hogar por las ejecuciones de hipotecas causadas por fraude financiero de Wall Street. Es clara la indiferencia social de quienes mandan en Washington, que muestran – como en Roma Imperial –  creciente disposición a dirimir disensos con el aparato militar.

La distribución de la tierra sub-urbana

La concentración de la propiedad y la emigración del campo a la ciudad – por razones históricas que varían de país a país-  ha creado siempre problemas que comienzan con la ubicación física de la gente y con problemas sociales relacionados con la prestación de servicios a las nuevas comunidades. La concentración de la población urbana encarece la tierra y la vivienda hasta hacerla inaccesible a quienes emigran por necesidad económica. Esa aplicación de las “leyes del mercado” crea una acumulación humana en los márgenes urbanos, que internacionalmente son conocidos con su nombre brasileño de “favelas”.

Un buen gobierno no puede permitir que se acumulen grupos sociales marginados de la enseñanza y la salud, sin darles medios para ganarse una vida decorosa. Solucionar ese problema es necesario para mejorar la democracia, mejorar la seguridad pública y acabar la pobreza endémica. Sin embargo, la callosidad de la dirigencia política y social habitual en América Latina y otros países, le permite mirar esos hacinamientos de la desesperación como parte del paisaje. Por eso, es natural que los nuevos gobiernos latinoamericanos que llevan los servicios básicos de la vida urbana a esos barrios donde viven las grandes mayorías tengan un éxito político y electoral, consistente y durable.

Esos asentamientos de forzosa precariedad están muy expuestos a los accidentes atmosféricos y telúricos, por lo endeble de su construcción y la ausencia de controles técnicos. Un ejemplo es la tragedia del terremoto en Haití. Otro ejemplo, es el gran número de damnificados por las intensas lluvias en Venezuela. La escasez de tierras públicas para asentarlos obligó al gobierno venezolano a regresar a la propiedad pública extensiones de tierra subutilizadas y pedir donaciones solidarias al Estado para construir viviendas a los damnificados.

Nota personal

Eso último me lleva a inserir una nota personal, que no es elegante hacer, pero quiero ayudar y estoy lejos. Tengo 18 hectáreas de terreno inobjetablemente propio que quiero donar al gobierno venezolano para atender a los damnificados. La propiedad está registrada en el catastro rural y ubicada en el municipio J. E. Lossada del Distrito Maracaibo. Si el uso que
se le dé llevase el nombre de mi admirado amigo Luis Homez, un socialista zuliano de vida breve pero ejemplar, me consideraría ampliamente retribuido.

umberto.mazzei@sfr.fr


[1] Discorsi sulla prima Deca di Tito Livio

[2] De l’Espirit des Lois

[3] La guerra de los 7 años que tanta influencia tendrá en el futuro del mundo, tuvo un origen frívolo. Francia era aliada tradicional de Prusia contra Austria. La alianza se revirtió cuando Mme. Pompadour supo que Federico II de Prusia había llamado a una perra suya la Pompadour. Con una nueva relación de fuerzas Rusia, Austria y Francia atacaron a Prusia, cuyo única aliada era Inglaterra.

[4] Land Ordinance of 1783 y Northwest Ordinance.

[5] US Census Bureau

[6] The Land Report Fall 2010, October 5, 2010 The largest US land owners

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