Historias violentas, para un país violento. Parte II.

Por José García Noval /PúblicoGT

La mujer de clase media acomodada,  que fue asesinada al momento en que le robaron su vehículo de doble tracción, tenía dos hijas.  Su esposo es profesional respetado y hablan, quienes le conocían, de su reconocida calidad humana. Podría decirse que esta mujer parecía llevar una vida feliz o, por lo menos, satisfactoria, libre de carencias económicas y de evidentes conflictos familiares. Cuando la asesinaron retornaba de dejar a sus hijas en el colegio. Sin embargo, lo que no puede alguien afirmar es que viviera libre de esas impertinentes apariciones de sombríos pensamientos sobre la posibilidad de sufrir algún asalto y de las peores consecuencias que tal experiencia puede provocar.

Pocos meses después de este incidente otro profesional es asaltado cuando viaja en su vehículo con sus dos pequeños hijos, un niño y una niña. Los asaltantes después de conminarlo, bajo la amenaza de asesinarlo, a abandonar el vehículo, parten con los niños a bordo. Primero abandonan al niño a corta distancia del lugar del robo. El niño logra localizar inmediatamente a su padre, quien desconcertado y angustiado empieza a anticipar posibles consecuencias sobre la suerte de la niña. Afortunadamente la niña es abandonada en un lugar lejano, logrando entrar en contacto con su madre. Aunque el final es menos desafortunado que las anticipaciones, sin duda el padre sentirá haber perdido una década de vida y queda un profundo trauma instalado en la familia.

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