BULLYN (Acoso Escolar)

Por Johanna Barrios /PúblicoGT

Ahora que inician las clases, muchos y muchas estudiantes se ven expuestas a padecer el acoso escolar por parte de sus propios compañeros.

El acoso escolar se refiere a cualquier tipo de maltrato, ya sea físico psicológico o verbal y este se incrementa a medida que “la víctima” no denuncia este problema y permite que las condiciones de maltrato se continúen dando.

El año pasado tuve la oportunidad de trabajar en escuelas públicas a nivel primario y secundario, en donde se observó el acoso y abuso entre compañeros. Al socializar esta información con algunos docentes, algunos comentaron que han tomado acciones respecto a esta situación, como sanciones, llamadas de atención o suspensión y expulsión de los alumnos victimarios.

En esta situación se dan dos problemas:

El victimario usualmente tiene una serie de problemas de socialización y afectivos, por lo que este tipo de sanciones no resuelve su actitud agresiva y de hostigamiento hacia otros compañeros, en algunos casos buscan “venganza” y su actitud de intimidación incrementa

Al tomar estas “soluciones” no se ayuda ni se fortalece la subjetividad del estudiante que padece de acoso, muchas veces resulta cediendo aún más, o el temor a una venganza genera un temor mayor, por lo que usualmente sede a prácticas incluso más violentos.

Este tipo de abuso, según comentan los docentes se ha ido incrementando cada vez más, y muchas veces las condiciones ambientales, así como los contextos en los que estos estudiantes se desenvuelven, impiden o limitan la posibilidad de una transformación conductual y actitudinal.

Los profesores Iñaki Piñuel y Zabala y Araceli Oñate han descrito hasta 8 modalidades de acoso escolar, con la siguiente incidencia entre las víctimas[:]

1.Bloqueo social (29,3%)

2.Hostigamiento (20,9%)

3.Manipulación (19,9%)

4.Coacciones (17,4%)

5.Exclusión social (16,0%)

6.Intimidación (14,2%)

7.Agresiones (13,0%)

8.Amenazas (9,1%)

Es imperante que tanto los padres y madres de familia generen y construyan lazos de diálogo y de confianza con sus hijos, es importante estar alertas a cualquier cambio conductual que pueda presentar, o bien mantener un vínculo y una comunicación con las y los docentes de sus hijos.

Por otro lado, los docentes deben contar con información y asesoría necesaria para saber cómo abordar este tipo de conflictos en el aula, y en el caso de contar con apoyo psicológico, detectar cuando es necesario referirlos.

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