El secreto

Por Fatima Saban/PúblicoGT
Saúl, así le llamaré para no poner en evidencia su identidad, tiene diecinueve años, se acaba de graduar como Perito Contador, y aparenta ser un chico normal, como los de su edad, siempre está rodeado de chicas, es muy popular, alegre y sociable.

Su padre, quien tenía una línea de buses urbanos, acaba de morir en un accidente de tránsito, era un hombre autoritario, enojado y muy disciplinado, según él lo describe, pero que lo amaba porque era su único hijo varón, y el único fruto de su segundo matrimonio.

El chico siempre tuvo buena relación con su papá, pero como todo adolescente se volvió rebelde y ausente. La relación con su madre siempre fue cordial, ella lo ama demasiado como todas las madres a sus hijos, pero según sus conocidos el niño creció con exceso de protección y muchos mimos, como la mayoría de hijos únicos.

No me di cuenta de que era diferente hasta los diez años, cuando una niña me dijo que le gustaba, pero no me causó sorpresa, y luego uno de mis compañeros de clase me preguntó por qué no la había besado, que si me gustaba alguien más, estuvo tan cerca de mí, que sentí una sensación extraña al tener su boca tan cerca de la mía, extraña pero agradable. Comencé a preguntarme si en verdad esa niña era la que no me gustaba o eran todas, si los niños me gustaban más que las niñas.

Cuando Saúl tenía doce, fue invitado por unos amigos del colegio a una excursión. Solo íbamos niños, más o menos de mi edad, entre ellos un niño al que molestaban por ser “raro”, cuando íbamos llegando al lugar del campamento se cayó, y se hizo una herida muy fea, todos tenían asco de tocarlo y se burlaban de él. Me acerqué a consolarlo, mientras la maestra lo curaba, y sucedió de nuevo, me gustaba estar así de cerca.
El papá de este chico por su cultura machista y la falta de comunicación que siempre había existido entre ambos no hablaron de educación sexual, y por ende nunca tuvo un acercamiento con su hijo para poder imponer la figura masculina en su vida.

Mi primer beso fue con un chavo cinco años mayor que yo cuando tenía dieciséis, a esa edad ya sabía quién era y que era lo que hacía, fue mi primera pareja, estuvimos juntos por ocho meses. Saúl llora al recordarlo, y es que mucha gente no entiende que los homosexuales son seres humanos igual que nosotros, que sienten, y que necesitan afecto. Pero algo que definitivamente no va a olvidar fue el momento en el que su madre descubrió sus preferencias.

Conocí a mi segunda pareja seis meses después de terminar con el primero, iba dos grados más adelante que yo, y nos gustaba vernos cerca de mi casa en un centro comercial, ese día yo salí más rápido de lo normal y le dije a mi mamá que me iba a estudiar con unos amigos, ella salió también y me sorprendió de la mano con él, justo fuera de un restaurante. Después me enteré de que alguien más le había dicho que me vio en una actitud rara con mi chico.

La madre de Saúl se frustró demasiado, lo esperó cuando llegó a su casa, lo llevó fuera por temor a que alguien más los escuchará y le preguntó si era homosexual o no. Él no tuvo más remedio que admitirlo, y ella se echó a llorar. El mayor miedo de ella era la reacción de su papá, así que lo único que se le ocurrió fue acudir a la psicóloga del colegio.

La terapia que le brindó seguramente fue de ayuda para el muchacho, pero lo lamentable fue la falta de ética de esta “profesional”, quien en un descuido confió el tema a alguien más y el rumor se esparció como pólvora en el lugar.

Los varones se reían de mí, me pateaban, me amenazaban y no me querían hablar, solo podía hablar con las mujeres, me siento una de ellas. Cuenta el muchacho, con mucha tristeza. El rumor también se expandió en su colonia, mientras que al mismo tiempo su padre tuvo el fatal accidente que lo llevó a su muerte. Un choque con otro automóvil le causó una fractura en el cráneo y lo dejó inconsciente. Estuvo en estado de coma tres meses y luego falleció.

Saúl tomó la decisión de irse de su casa, tras el rechazo de sus vecinos, la tristeza de su madre a quien el creía estar haciéndole daño, y la ausencia de su padre, quien nunca se enteró de sus preferencias. Ahora vive solo, trabaja medio tiempo para pagar donde vivir y su mamá lo visita, le ruega que vuelva a su casa, pero según él dice se siente más feliz siendo quien es, lejos de las burlas de los que un día dijeron ser sus amigos.

Lo único que extraño es a mi mamá, pero aquí puedo ser yo mismo y estar con la persona que quiero sin miedo a ser señalado. Te cuento mi historia para ayudar a que la gente como yo no tenga miedo y se muestre tal cual es, y para que sus familias siempre apoyen a sus hijos en cualquier decisión que quieran tomar. Concluyó el chico con nostalgia.

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