Nueva etapa, mismo proyecto

Mario Rodríguez/PúblicoGT

Dilma Rousseff, integrante de la resistencia contra la dictadura militar, juró como presidenta de la octava economía del mundo. En su discurso prometió mantener y defender la Constitución, observar las leyes, promover el bien general del pueblo brasileño, sustentar la unidad, la integridad y la independencia de Brasil, y de paso dejo que «no descansaré mientras haya brasileños sin alimentos en la mesa, mientras haya familias en las calles, mientras haya niños abandonados. La familia es el alimento, la paz y la alegría. Este es el sueño que voy a perseguir», eso significa darle continuidad y ampliar los logros de Lula da Silva.

Entonces, ¿qué significa para América Latina, la continuidad en Brasil de las políticas de Lula ahora con Dilma Rousseff como presidenta de ese país?.

Empecemos diciendo que Lula tuvo que hacer las cosas bien, no sólo por el respaldo y popularidad que tiene, sino porque saco de la pobreza a 29 millones de personas. Eso es un gran mérito que nadie discute, el debate está en torno a las políticas que aplicó para lograrlo. En principio debemos afirmar que Lula abrió al mercado apostando por la exportación de los commodities, y tuvo la suerte o la visión de encontrarse con precios internacionales en alza. Ello postergo las transformaciones estructurales.

Pero eso hace a Lula un neoliberal?, claro que no. Realmente el éxito de este proceso fue el capital público que generó, tanto por darle un lugar importante a las empresas públicas, como a la banca y a las inversiones públicas, respaldadas por una apuesta estratégica, la posesión y disposición de sus reservas de petróleo. Petrobras jugó un papel de primer orden para catapultar a Brasil como una potencia emergente y en eso tuvo una visión estrategia al crear el famoso Paquete de Aceleración del Crecimiento PAC, que ahora con Dilma Rousseff sigue teniendo un peso importante en la configuración de su política interna. La revista empresarial América Economía se preguntaba si ¿Podrá Dilma librarse de la receta lulista y crearse una propia, más propicia a la inversión?. Ojalá que no de la forma en que se plantea dicha revista. Porqué Lula comprendió que sin la participación del Estado en la dirección económica, el mercado puede ser desastroso, y ese ejemplo debe ser observado, analizado y aplicado en nuestros países para devolverle el papel protagónico al Estado en la ejecución de la política económica y social.

En el plano externo, Brasil lideró varios esfuerzos que mostraron el liderzazo y la visión estratégica que tiene. El más audaz logro de la diplomacia brasilera fue el acuerdo con Turquía para encontrarle una salida negociada a la crisis nuclear de Irán. Ello mostró los límites que tiene la política imperial de Estados Unidos en la configuración del nuevo orden multipolar. A nivel regional, la creación de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), del Consejo de Defensa Sudamericano y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños es una muestra que América Latina avanza en la integración regional a partir de sus propios intereses, fuera de la hegemonía de Estados Unidos. Y en ese cambio, Brasil ha jugado un rol importante. Claro está primando sus propios intereses. Pablo Stefanoni, director de la versión boliviana de Le Monde Diplomatique, le llama el imperialismo de Brasil, pues juega dentro del grupo de las llamadas economías emergentes del BRIC, pero lidera una región estratégica para su desarrollo. Y eso lo tiene claro Lula, que en la vísperas de entregar el puesto dijo: “Fue un gusto pasar por la Presidencia de la República y concluir el mandato viendo a Estados Unidos en crisis, viendo a Europa en crisis, viendo a Japón en crisis, cuando ellos lo sabían todo para resolver el problema de la crisis brasileña, de la crisis de Bolivia, de la crisis de Rusia, de la crisis de México…”, eso refleja el papel de Brasil en el mundo.

Por ello, su consolidación como potencia regional debe ser visto con buenos ojos por nuestros países, principalmente porqué no reproduce el papel tradicional que Estados Unidos ha jugado en está región. Ello permite diversificar las relaciones, fomentar otros niveles de cooperación y encontrar afinidades en torno a temas comunes. Hay que recordar que Brasil posee el mayor banco de desarrollo del mundo, el BNDES, su programa Hambre Cero es modelo de las políticas de transferencias condicionadas y sus programas para salir de la pobreza.

Al final, el déficit que uno encuentra en este proyecto, es el modelo económico, que sin ser de derecha neoliberal, se apoya en una expansión del capitalismo extractivo y depredador. La extensión de los monocultivos, el impulso de los agro combustibles, la desindustrialización, el apoyo a la minería y a la ganadería extensiva, son una advertencia de que el modelo sigue basándose en un capitalismos extractivo desarrollista, pero que hay una puerta abierta para cambiar de modelo. Ojalá que Dilma puede lograrlo, al margen de lo que piense América Economía, sino en función de superar las políticas neoliberales que siguen teniendo un peso específico, no sólo en Brasil, sino también en el resto de países latinoamericanos.

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