En la Calle

Por Fatima Saban/PúblicoGT

Cuando despertamos cada mañana estamos mecanizados, nos levantamos nos bañamos, nos vestimos y salimos rapidísimo porque el tráfico nos espera y no alcanzamos llegar a tiempo a nuestros trabajos. No nos acordamos muchas veces, de dar gracias por la vida, el techo, la ropa limpia y el agua caliente.
Don Anselmo, un viejito de ochenta años, siempre da gracias por estar vivo, por amanecer y por sobrevivir al frío en especial en esta época del año, se levanta pero no puede cambiarse de ropa, ni tiene una ducha donde pueda darse un baño caliente o una muda de ropa limpia, él vive en la calle y en las noches frías se cubre con cartones y mantas viejas.

Mientras vamos por las calles, ignoramos a estas personas en las aceras, las menospreciamos tanto que no las vemos o no las queremos ver.

Me interese en hablar con aquel anciano, no entendía el motivo por el que estaba en la calle, sin familia, amigos, sin nada. Me contó que hace treinta y cuatro años vivía en la Colonia Venezuela, pero que lo perdió todo en el terremoto del setenta y seis, casa, esposa, tres pequeños niños; amigos quedaron unos cuantos pero ninguno dispuesto a ayudar.
El gobierno de aquella época ciertamente dio ayuda pero no la suficiente para reconstruir mi casa, en el terremoto todo lo que tenía se perdió, y con una lágrima en su rostro y muchas más ahogadas ya no pudo seguir hablando.
No bastan los pocos albergues que cada año en temporada de lluvia o frío abren sus puertas para dar un techo y calor a los más necesitados, personas como don Anselmo, no alcanzan a encontrar lugar, o no se enteran de la existencia de dichos lugares. Justo escuche también una historia parecida a la de don Anselmo en uno de los noticieros locales, un anciano llamado Santiago, también duerme en la calle en la zona 1, y no se moviliza a un albergue porque no sabe de su existencia.

Para sobrevivir, don Anselmo, quien sufre de artritis, pide limosna en las calles, con lo que a veces logra comprar comida, y otras veces se alimenta de lo que la gente de buen corazón le regala.
Hay personas buenas, que ya me conocen y me regalan cosas o dinero cuando me ven, y así he logrado sobrevivir, cuando me enfermo voy a la emergencia de algún hospital, pero a veces no me atienden cuando me ven así, me contó.

Nadie puede decir con verdadera certeza si algún día será como don Anselmo, no sabemos cuál será nuestro futuro, lo único que podemos hacer es apoyar a estas personas, quienes no sólo están expuestos a delincuentes, maras, y personas malintencionadas, sino también a enfermedades, vicios y hasta la muerte.
Guatemala mejorará en la medida que cada uno nos apoyemos, y evitemos este tipo de situaciones. No ignoremos a los Anselmos que vemos a diario, a los que nos piden comida, o los que quieren trabajo para subsistir, no menospreciemos a guatemaltecos que como él pueden ayudar a que nuestro país recobre la unidad y logre salir del sub desarrollo.

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