Rebeca Rubio: De convicción guerrera

Una de las herencias que Rebeca le reconoce a su padre, Ricardo Rubio, comandante de la Organización Revolucionaria del Pueblo en Armas (ORPA), es la terquedad por perseguir sus ideales. Desde entonces, y con base en trabajo y disciplina, ha conseguido todo lo que se ha propuesto. Siendo muy joven se fue a recorrer el mundo y aprendió tailandés y francés. De regreso a su patria se licenció como antropóloga social y devino modelo, presentadora de tv, locutora y editora de segmentos de salud y ejercicios. Luego de una década en la especialidad, se convirtió en la primera guatemalteca que participa en eventos fitness y por supuesto inédita campeona mundial por encima de competidoras de América, Asia y Europa. En años anteriores fue clasificada como la mejor atleta del continente en dos ediciones del Mundial IFBB 2007 y 2008 (International Federation of BodyBuilding) y por si lo anterior no bastara, su carisma es también de campeonato.

¿Cómo es que una antropóloga cayó en el fitness?

Para mí, el deporte siempre fue un asunto primordial. ¡Podía entrenar todo el día! Me encantaba la parte del esfuerzo y el reto. Conociendo la historia de mi padre, siempre tuve la inquietud de conocer esa realidad y por eso me incliné por la antropología social. Pero en Guatemala no es una carrera muy rentable, por lo que tuve que buscar otros caminos, como el modelaje, en donde comencé a destacar. Luego eso se ligó con una carrera en la televisión y ahí se dio el encuentro con el fitness.

¿Por qué luchó tu padre?

El grupo guerrillero del cual formó parte deseaba acabar con la oligarquía y la dictadura militar. Aunque se logró lo último, las injusticias básicas aún no terminan en mi país. Desgraciadamente con esa guerra se cortaron muchas carreras políticas de gente que, como mi padre, tenía ideas progresistas que pudieron florecer.

¿Cuál consideras su más valiosa herencia?

Me siento rara porque en mi país aún existe represión y no hay la libertad absoluta de hablar con alguien que tuvo un papá guerrillero. Creo que él me heredó un espíritu a prueba de todo, la convicción guerrera que se convierte en una fuerza para luchar por los ideales que uno tiene.

¿Qué tan ruda fue la ruta al campeonato?

No fue tanto porque le agarré mucho amor, encontré mi pasión en el fitness. Competí diez años en una federación y fui subiendo poco a poco. A nivel Latinoamérica alcancé un segundo lugar, aunque en los mundiales los niveles eran otros. Al ser un deporte de apreciación, por un lado había sesgo de los jueces que nunca volteaban a ver a las latinas y siempre tomaban el cuerpo de las europeas como el ideal. Además, ahí se hablaba mucho de las hormonas de crecimiento que algunas competidoras usaban. Parecían hombres y como yo no pensaba tomar nada, mejor me cambié.

¿Una campeona de fitness puede abrir una nuez con los glúteos?

¡Nooo, eso es un mito! Podemos hacer otras cosas. Alguna vez me dijo una señora, “¡déjeme tocarle las nalgas!” y casi se le quiebra el dedo. Es probable que eso sí lo pueda hacer: quebrar dedos.

¿Cómo hallas la cultura deportiva en México?

Antes de venir analicé eso. Monitoreé muchos programas que me llegaban por cable a Guatemala, y no encontré una imagen consolidada que nos hablara de un sitio donde el tema de la cultura deportiva y de la salud fuera primordial.

¿En qué países sí hallas eso?

Por ejemplo Argentina, Venezuela, Brasil o Estados Unidos, lugares en donde tienen más arraigo los programas dedicados al esfuerzo físico y al cuidado del cuerpo. Es importante porque a la larga forma parte de un programa educativo y a mediano plazo resulta benéfico para el triángulo cuerpo, mente y alma.

En el caso de un diputado que se la pasa todo el día sentado en su curul, ¿qué ejercicios le recomiendas?

Quien tiene que desarrollar un trabajo de ocho horas sentado, lo primero que le recomiendo es que cada dos se pare y haga una caminata de 20 metros. También desde su silla puede hacer estiramientos de los hombros, flexiones hacia abajo, pequeños ejercicios para la elasticidad. Creo que lo que mucha gente no tiene es iniciativa o una guía de qué movimientos realizar. Pero con esos pequeños ejercicios cada dos horas, el cuerpo y el rendimiento terminan agradeciéndolo.

¿Se vive bien del deporte?

Jamás he vivido del deporte. A cada sitio que voy, en competencias o entrenamientos, tengo que invertir mi dinero. Y lo hago con mucho gusto, es un hobby, es algo que amo. Hay veces que salgo a las 7 de la noche de un trabajo, y a esa hora me jalo para el gimnasio a entrenar. Alguna vez me cerraron las instalaciones y tuve que ir a darle 40 vueltas al estacionamiento del apartamento donde vivo. En esto del alto rendimiento he tenido que ver cómo me las arreglo, por eso mi interés principal es contagiar a la gente de esa pasión.

¿Cómo reaccionan los galanes o acosadores ante tu físico y tu pasión por el deporte?

Hay un factor intimidante. De hecho en mi tesis, que tiene como título Construyendo cuerpos. La subcultura del gimnasio urbano en la ciudad de Guatemala, ratifico cómo los hombres le temen a lo que es demasiado perfecto. Porque eso los pone a prueba.

Lo que sí has conseguido es que la gran Rigoberta Menchú no sea la única imagen de la mujer guatemalteca que tenemos.

(Risas) Bueno, sí es una imagen completamente distinta. Aunque también hay una distorsión ahí, porque en las últimas competencias centroamericanas y del Caribe, las mujeres guatemaltecas han sido las que han sacado la cara por el país. Hay grandes figuras femeninas y resulta que el deporte es un campo de acción en donde la mujer sí puede manifestarse. En mi caso me ha tocado representar la parte más moderna de la mujer guatemalteca.

Juan Alberto Vázquez. Tomado de Milenio

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