Crónicas de la sexta

Por Crosby Giron

Sin tiempo de ir a la sexta avenida nuevamente. Pero estuve alli el miércoles a medio día mientras caía una lluvia pertinaz. Sobre la novena calle me anduve para ver algo novedoso pero nada. Así que volví por la 18 calle y séptima avenida. ajá, ahi están los otros vendedores, los que no estorban para el transporte colectivo. Otra cosa estorbarán eventualmente. Esta vez pasé muy cerca del mercadito que les armó la municipalidad. Los bancos y las tiendas de pollo frito tienen ya publicidad (¿Será que a ellos también les sometieron a sorteo?). Este fin de semana no podré evitarlo, tengo que ir a conocer el sitio y comprar algunas películas, no?

Siete de la noche hora de salir del trabajo. Viaje en bus articulado desde la trece calle de la zona once por la calzada Aguilar Batres hasta la veinte calle de la zona uno. Allí la fila de gente que, agotada o no, desesperan por abordar la enorme maquina; allá la Loba, silenciosa y demente. Triste como si en las luces del edificio edil no se atormentaran personas. Caminata hasta la dieciocho. Madre santa, si fuera yo una vieja palurda, diría. Como sea. Creo que son ahora las siete y veinte. Quizá faltaban algunos minutos para las siete cuando Salí porque el reloj estaba mal. No importa, el Sol ya no está alumbrando directamente mi rostro. Y en cada calle, incandescente e inmarcesible afán, se incendian varios filamentos dentro de burbujas de vidrio de tantos colores. Hasta qué punto se puede uno sentir del barrio me pregunto. Más de tres años me aseguro. Así que paso la prueba. Entonces voy a decir algunas cosas sobre el traslado de los vendedores sobre esa avenida que, desde mi casita, puedo ver casi de principio a fin. Si, la sexta. Desde hace años vengo yendo y viniendo por ahí. He caminado con tantas personas también. Hoy lunes siete de junio a las nueve menos cuarto digo que está rota. Si, casi todas las banquetas sobre la sexta avenida desde la dieciocho calle hasta la octava estaban rotas. Maquinas las habían desecho. Hombres habían manejado esas máquinas que ahora, a saber donde, estaban apagadas. Ni un vendedor. Ni una vendedora. Solo montones de concreto tal y como quedaron por la tarde, a las cuatro o quizá a las seis antes de que llegara yo. En fin, a mi eso me vale madre, una no santa por supuesto. El tema eran los vendedores. Yo había escuchado y visto las noticias. Iban a rifar los puestos y el que no ganaba no ganaba y ya. Y yo no he ido al nuevo lugar pero la sexta sí que estaba muy fea. No es que me gustara llena, pero tal vez. El punto es que sin esas gentes con sus ventas y sus luces todo era tan distinto. Y eso que eran las siete y media de la noche. Pensé en salir a las nueve a tomar algunas fotografías y quizá no era buena idea. Ahora que dan las nueve me están dando ganas de salir y es muy probable que no lo haga. Por lo menos no hasta terminar de escribir. La ultima cuadra de la sexta antes de llegar al parque está hendida. Y solo caminaban por toda la sexta obreros y obreras que se volvían de la jornada. Cansados quizá y sudorosos seguro. Yo mismo lo estaba. Pensé en hacer algunas líneas sobre esto y que no las haría finalmente. Desde ahora la sexta ya no es la sexta, es otra sexta. Ya vi a unos chavales quemar frente a un local de chatarra comestible. Bien chavales. Veinte. No veinte chavales, sino de veinte años. Lo que pasa es que no quería escribir esa palabra. Seguiré pasando por allí para ver cómo cambia. Si tomo algunas fotos las pondré aquí. …dios.

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