Democracia ficticia

Por Mario Rodríguez. En 1954, la CIA organizó una invasión en Guatemala para derrocar a Jacobo Arbenz. El motivo: la defensa de la democracia. Desde esa fecha para acá, la democracia ha sido el mejor pretexto para jodernos, y no sólo a nosotros sino a todo el mundo. Y Estados Unidos, el paladín de la democracia en el mundo, en aras de mantener su hegemonía y poder, ha impuesto, defendido y mantenido a cuanto dictador asesino le sirva a sus propósitos.

Pero todo eso lo sabemos hasta la saciedad. Sin embargo, hacian falta los detalles y de eso se ha encargado Wikileaks al divulgar las filtraciones del poder, todas las verdades de los desvergonzados han salido a luz pública para confirmarnos lo que intuimos siempre: que en nombre de la democracia se han cometido y se siguen cometiendo crímenes de lesa humanidad.

Ahora cuando escuchamos los discursos de los líderes mundiales, comprendemos porqué esas palabras no se corresponden con la realidad. Hoy sabemos, por ejemplo, que nunca existieron armas de destrucción masiva en Irak, que toda esa carnicería fue por el petróleo y el dinero y la democracia fue una excusa que se utilizó para sacrificar a gente inocente. Así lo demuestran las filtraciones de wikileaks.

Quizás el país también necesite urgentemente unas filtraciones para comprobar en realidad lo que políticos y gente de poder hacen y deshacen en nuestro país, todo por la democracia. Por ejemplo, necesitamos saber cómo se negoció el presupuesto de la nación, qué hay detrás de la negativa de cancillería para presentar las pruebas a las cortes españolas en el caso de Vielman y el porqué la Corte de Constitucionalidad vota siempre a favor del CACIF y en contra de la propia legalidad. Sería bueno saber cómo se negocia y concreta la participación de Arzú, Sandra de Colom y Sury Ríos en las próximas elecciones, porqué al final poco nos interesa en sí la resolución legal que darán posteriormente para justificar lo injustificable.

En realidad la democracia de las sombras, esa que vivimos y sufrimos todos, nos hace daño. Es una democracia de fachada, construida por el poder y la desfachatez, no es un cuento, es una cruel realidad que Wikileaks nos recordó, pero que nosotros padecemos.


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