No podemos ser indiferentes ante el cambio climático

José Manuel Chacón

Son muchos los documentos con base científica que nos están advirtiendo sobre el futuro incierto que nos trae el fenómeno del cambio climático.   Los líderes, que en este momento dirigen tanto el poder local como el nacional, que no estimen estos avisos, estarán como los violinistas del Titanic, que mientras este trasatlántico se hundía en las frías aguas cercanas a la península de Terranova, se mantenían indiferentes ejecutando hermosos valses.

A pesar de que algunas personas tratan de negar el fenómeno como intentando tapar el sol con un dedo, los impactos ya los sufrimos todos los seres vivos que habitamos este planeta y no dejan ninguna duda de su existencia.

Desde la Cumbre de la Tierra, realizada en Río de Janeiro en 1992, los científicos ya alertaban a los 108 jefes de Estado asistentes al evento, sobre el futuro inseguro que se divisaba y la necesidad de tomar medidas serias, especialmente en lo relativo al uso de combustibles fósiles, a manera de no seguir contaminando nuestra atmósfera con los gases efecto invernadero (GEI).  Después de casi veinte años de esta cumbre y ante la negativa de aprobar el Convenio de Kioto por parte de los países ricos, la naturaleza le está cobrando una terrible factura a los países más pobres, a los más vulnerables. Paradójicamente a los que menos emisiones contaminantes producen.  Como en la guerra fría: las potencias ponían las armas (llámese ahora GEI) y los países pobres ponemos los muertos.

Hace aproximadamente 36 años tuvimos noticias del Fifi, un poderoso huracán que impactaba las costas de Centroamérica, especialmente a la república hermana de Honduras.  Por esa fecha, 1974, estos eventos eran raros por su frecuencia dentro del “corredor” del Mar Caribe; pasaban uno cada cuarenta años. Ahora este escenario ha cambiado drásticamente. Cada año Centroamérica y el resto de países del Caribe están en riesgo, y, no con una tormenta sino con un promedio de 15 como en la presente temporada de 2010 y con la posibilidad de que de éstas, cinco podrían convertirse en terribles huracanes con todos sus impactos.  Baste recordar el huracán Mitch (noviembre 1998) con una cauda fatal de 9,000 muertos para la región.

Sin ánimo de dramatizar más sobre los impactos es oportuno señalar que, si bien el fenómeno del cambio climático ya está presente, apenas está comenzando su intensidad, por lo que debemos  prepararnos para lo peor de los riesgos, en escenarios vulnerables como el nuestro.

Desde luego que los impactos no deben sólo verse desde el enfoque de las tormentas y huracanes que actualmente tienen en muy mal estado la infraestructura vial Además debe estimarse los impactos a la salud, a la seguridad alimentaria, al abastecimiento de agua, etc.  Pero para los líderes del poder local y  nacional, un elemento importante a considerar es lo que se conoce como Seguridad Nacional, que debe entenderse en este contexto como seguridad política y social.  Los impactos del cambio climático mencionados, tarde o temprano generarán más insatisfacciones en los grupos sociales más vulnerables, que son la mayoría; se convertirán en demandas sociales, sumadas a las ya existentes, lo que se traducirá en un mayor desgaste político.   Se esperaría que estas demandas fueran atendidas en ambientes de diálogo, sin recurrir a reprimirlas hostilmente como ha sido la triste historia de nuestro país.   Los próximos gobiernos municipales tendrán que estimar en sus programas de trabajo los impactos del cambio climático como parte prioritaria de sus agendas, que tendrán que ver con planes de prevención de riesgos, conservación de las fuentes de agua, prevención de incendios, conservación de cuencas, etc.   Será prioritario también promover la creación, conservación y protección de parques municipales como la mejor defensa ante este fenómeno natural.    Apostar a las actividades extractivas de “moda” será lo menos recomendable.  Los que no estimen estas recomendaciones estarán como violinistas del Titanic, indiferentes, sólo esperando el oscuro final.

Te gusto, quieres compartir