El oro de Crucitas ilumina la rebeldía y la dignidad popular

Por: Jeffery López

La explotación de metales preciosos y el saqueo de América Latina por los parte de los países ricos desde el inicio mismo de la conquista, se ha repetido historicamente con una terquedad a lo largo de todo el continente que pareciera una necesidad implacable.

A la par del guano, el salitre, y ahora el agua, los bosques, la vida silvestre, los ríos y el suelo, los metales arrancados del lecho de la Pacha Mama, han marcado el desarrollo de los explotadores de turno  y la miseria de nuestros pueblos, en el marco de un entorno ambiental cada día más alterado y empobrecido.

En la actualidad, el precio del oro en los mercados internacionales y la avaricia sin fin de los dueños del mundo,  se combinan con el entreguismo de los del poder de arriba para armar una lucha sin cuartel a lo largo de nuestra América Latina por la disputa de los yacimientos de oro, bauxita, plata y metales asociados.

En el medio, nuestros pueblos mestizos se revuelcan de rabia e indignación, sabiendo que la minería de metales solo ha servido para pagar los banquetes de los ricos empresarios multinacionales y  saquear nuestros bienes comunes, como el agua, el bosque, los suelos, el aire, la diversidad biológica y dañar la cultura campesina y la trama de relaciones familiares y sociales de nuestras comunidades.

Los del poder de arriba y sus partidos, negando la realidad de nuestra historia, incluída la nefasta experiencia de la mina Bellavista de Miramar en Costa Rica, insisten en imponernos el brillo del oro como alternativa, ocultando que esta actividad no es sino otro rostro del modelo neoliberal que nos empobrece como nación, que solo desgracias anuncia como sucede con los naranjales, las plantaciones de piña, las hidroeléctricas  y los hoteles de cinco estrellas para los ricos del mundo rico y los ricos de aquí.

Hoy, después de más de quince años de lucha de las comunidades de la zona norte y el rechazo  del pueblo costarricense, el proyecto se ha levantado de sus ruinas tomado de la mano del  expresidente Oscar Arias Sánchez, quien ha pretendido darle una “bendición” al declararlo de interés público y conveniencia nacional mediante el vergonzoso Decreto Ejecutivo del 17 de octubre del año 2008.

Este intento del dueño del Grupo Financiero  Sama, por hacerle un “traje a la medida” a la empresa, que le permite destruir de un plumazo, sin más, cerca de 300 hectáreas de bosque, nacientes, quebradas y zonas de protección,  abrir cráteres de cien metros de profundidad donde hoy están los cerros Botija y La Fortuna,  liberando la amenaza de una contaminación sin precedentes del Río San Juan, a cambio de unas migajas para la región y el país, ha dejado al señor Arias ante la opinión pública nacional e internacional, como un accionista más de este proyecto de muerte antes que presidente del pueblo de Costa Rica.

La defensa de la tradición campesina de la región, la resistencia permanente de las comunidades y la rebeldía de una región y un país que no se rinde ni se vende, han provocado la maravillosa alquimia de trasmutar el oro de las Crucitas en el brillo que ilumina  la defensa de la patria, la dignidad y la esperanza de nuestro pueblo rebelde, digno y combativo, seguro de que finalmente, más allá de Salas Cuartas, tribunales, SETENAS y escaramuzas legales, la decisión del pueblo se impondrá sostenida desde la lucha y la movilización popular.

DITSÖ

COORDINADORA NORTE TIERRA Y LIBERTAD

COSTA RICA

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