¡Yo no soy gay, soy mujer!

Por: Antonio Navas

Los rayos del sol se debilitaban, en este momento entre con 10 minutos de anticipación de la hora señalada, cuando al fondo del local, en donde venden café, una mano blanca y larga se extendía sobre una cabeza rapada cuyos diminutos cabellos estaban teñidos de amarillo, la mano se meneaba de lado a lado con movimientos cadenciosos, el brazo alzado acompaño a un grito “Antonio, aquí estoy” la voz era chillante, de inmediato reconocí el rostro afable, el cual dibujaba una sonrisa  que acentuaba las líneas de expresión facial -las arrugas- provocadas por las un poco más de cuatro décadas de vida. De inmediato me perfile a saludarlo, y al estrecharle la mano me di cuenta que era más grande que la mía y más fina  también.

“Vine media hora antes porque andaba por el sector y decidí entrar”, era la explicación que mi entrevistado me daba por su llegada temprana a la cafetería ubicada en el centro citadino. Momentos después, el vaho de mí café negro y de su capuchino endulzado con azúcar de dieta nos acompañaba. Qué nombre utilizamos para identificarle con los lectores, le pregunte, Wanda, respondió de inmediato, el cual se constituye en su nombre de batalla. Y porqué no el nombre de pila, interrogué. Tengo hermanas y sobrinos que no quiero que sepan quien es en realidad su tío, argumentó.

La primera pregunta que le hago de manera directa fue, ¿Un gay nace o se hace?, me imaginó que hay de todo, respondió, pero de mi caso puedo hablar con propiedad. Desde muy niño me sentí distinto al resto de varoncitos, al principio sentía vergüenza por sentirme atraído por otros niños y tuve que fingir el no estarlo durante toda mi niñez y gran parte de mi adolescencia, en mi caso nací siéndolo. La Wanda, como es conocido por la comunidad gay, es originario del oriente del país específicamente de Zacapa, en donde los hombres son bravos, dice con una sonrisa y una gesticulación amanerada.

La Wanda, proviene de una familia muy numerosa, once en total, siendo él, el más pequeño de sus hermanos, la mayoría de estos son de tez blanca y complexión grande, de movimientos toscos, trabajadores de su propia finca dedicados a la crianza de ganado. A nuestro entrevistado lo trajeron sus padres a la capital cuando el aún usaba pañales, no registra recuerdos de su terruño.

¿Quién fue el primer hombre en su vida? Fue mi segunda pregunta. Mejor pregúnteme, quién me hizo mujer, tal ocurrencia soltó nuestras espontáneas carcajadas que inundaron el local cegadas por las miradas del resto de comensales que se encontraban en el lugar. Tenia apenas quince añitos, cuándo en el vestidor de hombres de la piscina olímpica, de la zona 5, nos quedamos solamente un amigo y yo, me anime a flirtearle con la mirada, nunca espere su reacción, me dijo “vos sos hueco verdad”, no supe que responder me chivié. Seguí vistiéndome lo más rápido posible porque se me caía  la cara de la vergüenza, le di la espalda y cuando sentí me agarro de un brazo  me dio la vuelta y… Sin detalles.

¿Fue un momento agradable? Interrogue. No, no lo fue, después de esto pasaron varios años para que me animara a ver a los ojos a un hombre. Ya en la universidad me volví extrovertido. Sentía que era gay sin saberlo, en aquella época no había conocido a ningún otro que tuviera las mismas preferencias sexuales que la mía. En realidad, fue una adolescencia terrible para mí, me encerraba y no me gustaba sociabilizar por temor al rechazo, no sabia que me pasaba, fue duro. Mientras argumentaba está respuesta los músculos faciales se le tensionaban y por momentos perdía la mirada en un punto fijo, lo cual era indicador de estar sufriendo el recuerdo.

¿Qué decía la familia en aquella época? Inquirí. Creo que era un secreto a voces, bueno todavía lo es. Una vez mi madre me pregunto porqué no tenia novia, evitaba el tema o simplemente daba una respuesta trivial. Recuerdo con un tanto de resentimiento a una tía  que le realizaba a mi madre comentarios burlescos sobre mi sexualidad, mi pobre viejita se resistía a afrontar la realidad y decidió llevarme con un médico con la excusa de que me inyectarían vitaminas, pero en realidad lo que quería era que me suministraran hormonas masculinas.

Durante una época me refugie en estudiar idiomas, de tal cuenta ahora domino cuatro. En mi época como estudiante universitario llegué a conocer al mejor amigo del mundo, para mi emoción era gay, desde este momento me introduzco en un mundo inimaginable, que me permitió desinhibirme en donde me sentí pleno y seguro. Mientras traía estos momentos a su mente, el semblante se le iluminaba con una sonrisa picaresca. ¿Qué provocan estos recuerdos? Alegría, fue como nacer nuevamente por fin sabía que no estaba solo en el mundo, es que descubrí que existía gente igual que yo.

Nuestra conversación fue interrumpida por un viejo compañero de estudios de la Wanda. ¡Qué onda vos, cuántos años! Se saludaron con un fuerte abrazo, el amigo se notaba que era heterosexual. ¡Puchica vos, ya estas vieja! Bromeo el amigo sin importarle los de la mesa contigua, lo que provoco ahora un trío de risas. ¿Dicen que sos hueco? Pregunto con tono de sarcasmo el ex compañero. ¡Yo no soy gay, yo soy mujer! Respondió entre risas, con tal respuesta era imposible el hacer caso a las miradas vecinas y alguno que otro nos acompaño con risa mas leve. “Es que así soy yo me gusta ser el centro de las miradas, tengo alma de artista”, argumento al percatarse de que todo mundo lo veía.

Después de la interrupción a nuestra charla le pregunto. ¿En serio, no le gustan las mujeres? Para nada. ¿Ha tenido alguna relación con una hembra? Chich, ¿cómo se le ocurre? contra pregunto. Cómo es posible que diga que no le gustan si nunca  ha estado con una. Mejor cambiemos de tema, me replico con acento seco. Pero como anillo al dedo cayeron dos chicas veinte añeras que desde la caja registradora miraban a mi entrevistado, este al percatarse dice “lesbianas, a caso no se dan cuenta de que también soy mujer”.

Después de hora y media de conversación finalizamos, ya con las tazas sin café. En la acera nuevamente volví a estrechar la mano grande y fina, y vi como la figura del arquitecto de casi un metro ochenta se diluía en la penumbra de la noche.

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