Lo humano y sus derivaciones

Por: Jairo Alarcón Rodas

El planeta en el que vivimos es un escenario donde confluyen y accionan una serie de elementos que dan por resultado la existencia de cinco grandes Reinos: Monera, Protista, Fungi, Animalia y Plantae, a estos hay que agregar el Reino mineral. Entre todos, es de singular importancia el Animalia y en éste, más concretamente, una especie compleja de homínidos a la que llamamos: “seres humanos”.

Pero ¿qué son los seres humanos? ¿Qué es lo que hace que se les designe con ese nombre? Cuando denominamos, hacemos mención a un ente real con ciertas características concretas, éste es su referente semántico. Por otra parte al conceptualizar, recogemos las características esenciales de un objeto o cosa. Pero al hablar de seres humanos, valdría la pena analizar si la denominación que se les ha hecho, es la correcta. Es decir, si se precisa, con ese término, a este peculiar primate bípedo que examina lo que ha visto. En el mejor de los casos, determinar si es la potencia o el acto, lo que determina su esencia.

En tal sentido, valdría la pena establecer qué es, lo que hace a un ser humano ser lo que es, y no otra cosa, es decir, su esencia. Realizando un breve análisis sobre esta especie encontramos que esta criatura se constituye como una triada, donde confluye la racionalidad, la emotividad y una conducta social adquirida.

Todas estas potencialidades se desarrollan a partir de la herencia y la asimilación. De ahí que muchas de esas características, que se convierten en diferencias específicas, se pueden desarrollar o atrofiar dependiendo de las circunstancias. En consecuencia se comienza a ser, ser humano y se deja serlo, dependiendo si se asumen o no las esencialidades que los distinguen.

Sentimos y la serie de emociones que invaden nuestro ser, muchas veces nos caracterizan más, que esa parte de racionalidad que nos tipifica como homos sapiens, lo cual no significa que ambas características sean excluyentes. El sentirnos bien es parte de nuestra naturaleza humana y es que somos, además de razón, una explosión de sentimientos, emociones y voliciones, por lo que estas son en nosotros, sumamente valiosas. Pero ¿qué es lo que hace que mujeres y hombres, en la mayoría de las veces, actúen emotivamente en detrimento de la razón? Sin duda hay acciones que debemos realizar a partir de una racionalidad accional, más bien motivada a partir de un proceso intelectivo.

Eso nos hace que la emotividad quede, en cierta forma en suspenso, para poder actuar lo más racionalmente posible. No obstante muchas veces se acciona negando esa racionalidad que, para identificarla de alguna forma, y usando palabras de Habermas, la llamaremos racionalidad normativa. O bien, se le instrumentaliza a partir de un sentimiento negativo, envileciendo de esa forma todo el modelo que caracteriza a los seres humanos.

En sociedad existen hombre y mujeres que interactúan para alcanzar objetivos propios y comunes a partir de normas que determinan derechos y obligaciones. Sin embargo, esa suma de individualidades que constituyen la sociedad, no representan lo esencial de ésta. Dado que lo social es mucho más que la suma de sus partes. En consecuencia, no a todos los individuos que accionan en sociedad, se les puede llamar seres humanos. Esta condición no es algo con la cual se nazca. El ser humano es un estado que se asume, a partir de reconocer que somos seres sociales, que comprendemos que no nos bastamos a sí mismos. Y que por consiguiente, acatamos normas que permiten que todo el potencial que poseemos, se convierta en característica esencial en nuestros actos.

Ser humano es aquel que asume como propias la serie de potencialidades que bosquejan al primate bípedo, simbólico, como hacedor de cultura. No basta nacer con potencialidades humanas, éstas deben ser puestas en práctica, deben ser visibilizadas a través de las acciones.

La historia de hombres y mujeres está llena de ejemplos donde la condición humana se ha empobrecido, ensombreciendo a ese proyecto humano que continuamente se debería estar reinventando, para propiciar la ascensión del auténtico ser humano. Lo humano se establece como un equilibrio entre lo racional y lo emotivo, teniendo como el escenario donde se patenticen esas cualidades, la sociedad.

La ineludible condición social requiere para la preservación de la especie y dignificación de la misma, que se asuma el carácter de humano en todo accionar de estos. Así como la racionalidad sea investida de la norma, esa que establezca, los derechos y obligaciones de cada individuo para su existencia en sociedad. Sólo de esa manera el prospecto llamado humano puede patentizarse en sociedad y ser llamado como tal.

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