La categoría género y la otra discusión en la Real Academia Española de la Lengua

Por: Mara Luz Polanco

La categoría género ha sido construida principalmente por intelectuales y mujeres académicas que se desempeñan dentro de las ciencias sociales. Como tal tiene un contenido y una historia que se ha ido escribiendo en el marco de esa intensa y dinámica discusión que busca desentrañar el origen de las diferencias entre hombres y mujeres, de los roles que desempeñan y de la discriminación hacia las mujeres. La categoría género constituye uno de los avances más útiles en el desarrollo de las ciencias sociales.

De manera simplificada nos dice que el género, “lo masculino” y “lo femenino”, es una construcción social, simbólica, histórico-cultural edificada sobre la base de las diferencias biológicas. El desarrollo de esta categoría rompe con el determinismo biológico y sus implicaciones en la vida de las mujeres.

Las palabras de Marta Lamas, citando una fantástica interpretación de Pierre Bourdieu, constituyen sólo una muestra de la contribución de la categoría género al desarrollo del pensamiento en ciencias sociales:

“La cultura marca a los seres humanos con el género y el género marca la percepción de todo lo demás: lo social, lo político, lo religioso, lo cotidiano. La lógica del género es una lógica de poder, de dominación. Esta lógica es, según Bourdieu, la forma paradigmática de violencia simbólica, definida por este sociólogo francés como aquella violencia que se ejerce sobre un agente social con su complicidad o consentimiento.

Para Bourdieu existe gran dificultad para analizar la lógica del género ya que se trata de […] una institución que ha estado inscrita por milenios en la objetividad de las estructuras sociales y en la subjetividad de las estructuras mentales, por lo que el analista tiene toda la posibilidad de usar como instrumentos del conocimiento categorías de la percepción y del pensamiento que debería tratar como objetos del conocimiento”.

En ese sentido, la resolución Real Academia Española  de la Lengua(RAE), en donde rechaza la expresión “violencia de género” (o por género) es irrelevante, pues la acepción hace referencia a la violencia relacionada con el contenido que se le ha ido dando a la “categoría género”, cuyo estudio corresponde a las ciencias sociales, materia que está fuera de la jurisdicción de ese ente colegiado, como muchas otras categorías correspondientes a los diferentes cuerpos teóricos generados por la sociología, la economía, la psicología etc. Decir “violencia sexual” o “violencia doméstica”, como lo sugiere la RAE, cuando lo que queremos significar es la violencia que obedece a razones de género desiguales es decir algo distinto a lo que queremos significar. Es anular el desarrollo de las ciencias sociales a partir de conocimientos que corresponden sólo a la materia de intervención de la RAE. ¡Qué absurdo!. No le podemos pedir permiso a la RAE para nombrar y darle contenido a una categoría analítica. La pregunta es ¿porqué no se abstuvo de opinar?: ¿será que la parcelación del conocimiento nos lleva a incurrir ese tipo de errores?, ¿desconoce de que estamos hablando?, ¿por prepotencia? o … para asumir una postura política.

Asimismo, la idea de que es redundante especificar el género gramatical cuando decimos, por ejemplo, los niños y las niñas, puede interpretarse también, como acto político de los “miembros” de la RAE,  pues en tanto no es incorrecto, corresponde a quien comunica la elección usarlo o no de esa manera; precisamente porque el lenguaje no solamente tiene un contenido político del que hacemos uso inconscientemente, sino también porque conscientemente, en estos casos, se utiliza para denotar una posición política respecto a una problemática que afecta a nuestra sociedad (a hombres y mujeres).

Lo significativo de la decisión tomada por la RAE es, en cambio, que aquellas acepciones son hoy utilizadas con frecuencia por mujeres y hombres, con una intencionalidad política, proceso ante el cual las decisiones de la Academia se van tornando ilegítimas (en el sentido político del término), precisamente porque el lenguaje evoluciona, transformándose en función de las necesidades de comunicación y el desarrollo de la humanidad.  Un desarrollo en el cual no pueden contenerse hoy los cambios impulsados por las mujeres en el camino hacia su independencia económica y su participación en la toma de decisiones políticas.

Por otra parte, es importante anotar que entre “los feminismos” no hay acuerdo sobre la forma más adecuada de evidenciar con el lenguaje el contenido androcéntrico de nuestro idioma, y menos, amplios consensos sobre cómo cambiar esa situación.

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