Jóvenes y violencia en Centroamérica

Por: Roxana Martel

Los jóvenes centroamericanos, pero especialmente los que viven en El Salvador, Honduras y Guatemala, están atrapados en una compleja espiral de violencia. Ellos son las víctimas y en parte responsables de los hechos y formas más evidentes y graves de violencia: homicidios, extorsiones, lesiones.

Esta realidad salta a los ojos al revisar los datos y los hechos reportados a diario por las instituciones públicas. Como víctimas, las estadísticas muestran que el grupo de 18 a 30 años concentra más de la mitad de los homicidios ocurridos en la región. Porcentajes similares se reportaban en años anteriores. El incremento global de las estadísticas refleja que el número de víctimas jóvenes aumenta año tras año. Como responsables, se puede ver que para el caso de El Salvador (que es el país con las tasas más altas de población privada de libertad en la región), la Dirección de Centros Penales reporta que el 40% de los privados de libertad en el año 2009 corresponde a jóvenes de 18 a 25 años.

Si bien estos son los datos duros, ocultan las razones y causas que generan esa cantidad de víctimas y victimarios. Por ejemplo, los homicidios se adjudican en un porcentaje significativo, pero no el mayor, a la violencia entre pandillas (que están conformadas por jóvenes y adultos). En el mayor porcentaje de homicidios no se han definido responsabilidades ni causas, lo que muestra una vez más la profunda deficiencia en investigación criminal.

La impunidad en los tres países sigue siendo alta, ya que solo entre un 2 y 3 por ciento de casos de homicidios terminan con una resolución de condena en los tribunales competentes. Se conoce muy poco sobre la violencia generada por expresiones de crimen organizado, quienes son los que controlan la distribución en los mercados locales de la droga, las armas y una diversidad de nichos que operan dentro de la economía criminal de la región.

También se desconocen los complejos vínculos entre las esferas económicas y políticas que han hecho posible que esta espiral de violencia siga en aumento. Mientras no se vaya más allá en la investigación y en la búsqueda de respuestas integrales a las carencias básicas de la mayor parte de la población excluida, la economía criminal y sus consecuencias seguirán teniendo a los jóvenes, especialmente de los sectores pobres, en el centro de su espiral de violencia.

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