En estado de sitio

Por: Mario Rodriguez

En estos últimos tres días, de forma consecutiva, se reportan dos balaceras diarias en Ciudad de Guatemala. Ajustes de cuentas, extorsiones, problemas entre pandillas, son algunas de las explicaciones oficiales que posteriormente salen adornando los hechos en diarios y noticieros. A la ciudadanía la cifra de muertos diarios ya no le sorprende.

Como tampoco le sorprende quienes son los matadores. Pues nunca dejan rastro, están sin rostros, sin nombre, gozan de impunidad total, y ni autoridades, ni ciudadanos se preocupan por perseguirlos. No vaya ser que los perseguidos terminen siendo ellos.

Pero lo terrible del asunto, al margen de los muertos, es la anomia de la sociedad. Derrotada por el miedo, la complicidad y el afán desalmado del poder y del dinero. No exigimos el fin de la carnicería, por miedo o por cobardía, aún sabiendo que seremos las próximas victimas. Somos parte del ciclo de violencia al reproducir los mismos patrones cuando violentamos las reglas de convivencia, cuando los imperativos éticos existen sólo si me conviene, y cuando me dejó guiar por el relativismo del todo vale, de acuerdo a la circunstancia y al interés que tenga en ese momento.

Y por esa búsqueda del poder y del dinero, es que tenemos los políticos que merecemos. Esos que hacen gala de pragmatismo político, no cuando le conviene al país o al partido, sino a sus propios intereses. Puesto que esos dirigentes han comprendido que a la política se le debe ver como actividad lucrativa, la máxima creación del capitalismo que todo lo convierte en mercancía y por ente en lucro. Así comercian con las leyes, con las obras, con los puestos, con la vida.

Por eso lo conveniente y lo posible en este país es casi una utopía. Todos sabemos que nos conviene frenar la violencia y establecer un estado real de derecho. Pero también todos hemos aceptado que eso no es posible, porque hay intereses, que ganan, por que las cosas se mantengan como están. En este país el término medio no existe. O eres de los nuestros, o te mueres.

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