El fracaso de Irlanda

Por: Mario Rodriguez

Hace tan sólo unos años atrás, los iluminados neoliberales criollos y la universidad privada que los patrocina ponían de ejemplo a Letonia e Irlanda, por sus políticas liberales, su ejemplo de modelo y lo “avanzado” de sus sistemas económicos. El secreto, según decían, fueron los bajos impuestos a las sociedades y al capital, que atrajo a las grandes empresas transnacionales que se instalaron en sus territorios.

Hoy, son un ejemplo patético de lo nefasto que esas políticas son. Irlanda es la manzana podrida de la zona euro, que amenaza con contagiar al resto de países, tanto que el mismo Herman Van Rompuy, dijo que la Unión Europea se enfrenta a una «crisis de supervivencia» que pone en riesgo el colapso del Euro y la propia viabilidad de la Unión Europea.

Letonia, Grecia, Portugal y ahora Irlanda, son las primeras piezas del domino que se han desplomado. Siguen España e Italia con serios nubarrones en medio de la anunciada guerra de divisas y el fracaso del G20 para acordar la más mínima coordinación que permita una recuperación económica. Más que la bancarrota de la economía irlandesa, acudimos hoy a la bancarrota de las ideas neoliberales y del modelo real del sistema neoliberal.
Más de lo mismo

Hace tan sólo unos años atrás, cuando el colapso de las hipotecas suprime en Estados Unidos generó una ola de quiebras en el mundo, pensamos optimistamente que el capitalismo se derrumbaba. Poco tiempo después, el optimismo se fue diluyendo, pero muchos seguían pensando que una reforma del sistema era, no sólo necesaria, sino urgente.

Los gobiernos de los países con mayores problemas económicos, en cambio, nunca dudaron para salvar a los culpables del desastre, y así, destinaron gigantescas cantidades de dinero público para rescatar el sistema, y de paso asegurar a los culpables, todo en aras de preservar el mecanismo. Ello se hizo a costa de la gente y en nombre del sistema. Se privatizaron las ganancias, se socializaron las pérdidas. Los resultados siguen siendo los mismos, crisis, recesión económica, ajuste para la gente y el desvergonzado incremento de las ganancias al capital.

El mercado se impuso. El liberalismo de casino que ha creado y recreado tantas burbujas especulativas durante este corto tiempo, ahora intenta reformar al mundo, antes que aceptar una reforma al funcionamiento que tiene. La V Reunión del llamado G-20 que reúne a los países más desarrollados del mundo, más un grupo de países emergentes e invitados, es la prueba de que el mercado quiere reformar a la sociedad mundial antes que aceptar su fracaso. Por ello, los líderes de dichas naciones, en nombre del resto de naciones del mundo toman medidas, proponen estrategias de futuro y buscan re-configurar la economía, sin asomo de una reforma a fondo del sistema, y claro está, sin tomar en cuenta los intereses del resto de naciones y de los ciudadanos del mundo.

Para que se haga una idea, en esta Cumbre del G 20, los acuerdos alcanzados van en la línea de reforzar las instituciones que han impuesto a lo largo de estos años el esquema de ajuste neoliberal. Así el FMI ahora otorgará en la toma de decisiones, más poder a los países que conforman el BRIC (Brasil, Rusia, India y China), pero nada de reformar el funcionamiento, ni la función de dicha entidad. Salvada después del desahució que tuvo.

También se habló de la guerra de divisas, cuando previo al evento Estados Unidos emitió 600,000 millones de dólares en su economía, para fortalecer el balance contable de los bancos y de paso lograr dos propósitos, incrementar el monto para créditos internos que propicien el incremento del consumo, y dos, exportar su inflación con el objetivo de diluir su déficit comercial ante sus acreedores. ¿Acaso el dólar sigue teniendo valor de reserva, o se sostienen únicamente por el poder militar de Estados Unidos?. Tampoco hubo acuerdo concreto sobre el mecanismo de Basilea, para impulsar un serio compromiso por la regulación del sistema financiero internacional.

¿Qué hay en juego? La cuestión de fondo es algo macabro, ni más ni menos que la reestructuración del mercado financiero. La propuesta es más regulación, pero, el mismo sistema. Los que apoyan esto incluyen la misma visión de siempre, que sea el mercado que logre la autorregulación, las entidades fiscalizadoras, sólo deben implementar aquellas medidas que permitan a los agentes financieros ser más “prudentes”. Vaya prudencia la que tienen los especuladores.

Y en el medio, países como Guatemala, que tiene hipotecado su futuro, con o sin reforma económica mundial. Vea, en el esquema en que nos hemos metido. Tenemos compromisos ingentes de deuda soberana, que cada día crece más. Fondos que se utilizan principalmente para paliar el raquítico aporte fiscal del sector privado al funcionamiento del Estado. Luego, están los Acuerdos de Libre Comercio, esquema al cuál por ahora es imposible salirnos, y que condicionan nuestra ya de por si apertura comercial. Un sistema monetario anclado al dólar, en donde el Banco Central tiene poco o nada que decir en la regulación del mercado cambiario, que se ve agravado por la parálisis fiscal del país desde que se firmaron los Acuerdos de Paz. (Quizás sea el mejor mecanismo del sector privado, para boicotear la implementación de dichos acuerdos).

Y ahora, que el país abraza fervorosamente el sistema de libre mercado y la desregulación, viene el G -20 a reformar el funcionamiento del sistema, sin que ello signifique cambiar la esencia del mismo, el país entonces a qué le apuesta.

Poco o nada se puede esperar del cambio de gobierno el próximo año, y tampoco hay conciencia clara del significado del papel que en la actualidad está jugando el G 20. El rumbo, por mal que nos parezca ya está trazado. El incremento de la deuda externa nos llevará a nuevos condicionamientos económicos, a hipotecar nuestros recursos naturales, entregados desde ya a los intereses transnacionales.

En resumen, la crisis financiera afectó irremediablemente a la economía real. Esperar, que nuestras exportaciones, vía los Tratados de Libre Comercio, nos saquen a flote es una quimera, y bien podemos esperar sentados a que eso suceda. Al final el flujo del saqueo de nuestros recursos naturales, nos dejará sin respaldo ni sustento para afrontar nuestro presente, ya no digamos nuestro futuro.
Anécdotas de un país en crisis

Los días 11 y 12 de octubre se llevó a cabo una reunión muy particular. Una conferencia de donantes y gobierno, cuyo objetivo fue solicitar una cooperación de 1,500 millones de dólares para la reconstrucción del país después de los destrozos causados por el volcán Pacaya y las dos tormentas tropicales. En esas mismas fechas, el ministro de finanzas anunció la implementación de un impuesto de reconstrucción local aplicable a todos los asalariados. Mientras tanto el CACIF (los dueños del país) se apresuraron a decir que “era inadmisible que planeen nuevos impuestos”. El 70% de los ingresos fiscales provienen de impuestos indirectos que pagan los que menos tienen. Mientras los grandes capitales que aportan cada vez menos a las arcas fiscales, exigen infraestructura para operar, pero se niegan a pagar impuestos. Libre mercado sí, siempre y cuando el Estado asuma los costos, socialice entre los pobres los impuestos y permita privatizar las ganancias. Adam Smith se volvería a morir ante tanta desfachatez.

En octubre del año pasado (2009) el presidente Colom decidió declarar estado de calamidad pública todo el territorio nacional, debido a las consecuencias de la insuficiencia alimentaria y nutricional provocada por la sequía que afectó a los departamentos del Corredor Seco. Este año, el presidente volvió declarar estado de calamidad pública, ahora no por la falta de agua, sino por exceso de la misma.

Dos tormentas tropicales dañaron las cosechas y destruyeron la infraestructura del país, el Estado se encuentra sin fondos porque los ricos se niegan a pagar impuestos y la corrupción hacen fiesta, por ello el país pide limosna a la comunidad internacional. El otro año, ¿qué desastre tendremos la suerte de sufrir, para que sigamos viviendo de la limosna internacional?

Por mala suerte, padecemos de cada situación vergonzosa e insostenible que hasta las celebraciones nos parecen grotescas. En casi todo el mundo fue celebrado el Día Mundial de la Alimentación, una acción emprendida por la FAO para llamar la atención al flagelo del hambre que afecta a más de mil millones de personas en el mundo. En Guatemala, a pesar que tenemos una Ley de Seguridad Alimentaria y una Secretaria del mismo tipo, la situación cada día va para peor, basta con observar el vergonzoso primer lugar que ostentamos entre los países hambrientos más ricos del mundo. Así como lo oye. Por eso aquí la celebración del Día Mundial de la Alimentación es un chiste doloroso y cruel, que pasó relegado a nada, comparado con la publicidad y movilización que alcanzo el llamado “macdía” infeliz de una transnacional de la alimentación que aprovechándose de la situación, llena a la sociedad de una caridad que denigra a quién la recibe y les permite a los empresarios evadir impuestos con impunidad y respaldo de la ciudadanía.

¿A quién le importa que se mueran de hambre seres humanos en un país lleno de riqueza? La mala suerte de Guatemala, quizás sea la indiferencia de la gente.

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