“En una reunión familiar en Esquipulas, el Ejército me secuestró y allí se terminó mi vida como orador”

César Augusto Paiz Fernández

(Maclovio Trompa de Hule)

Por: Antonio Navas

Vivaracho, afable, extrovertido y malhablado, son parte de los rasgos de su personalidad, mientras que su aspecto físico es tez blanca, estatura baja, complexión delgada y con un brillo en los ojos que emanan un goce por la vida. Su pasión, la docencia, ya que le permite transmitir su experiencia a las nuevas generaciones, y éstas a su vez, le transfieren energía para vivir a plenitud su vida. Éste es César Paiz, o “Checha”, como se le quiera llamar.

Nacido en el departamento de Chiquimula el 20 de abril de 1959, producto del matrimonio de don Ezequiel Paiz Cordón y doña Rosa Amelia Fernández Acevedo, siendo el segundo de cuatro hijos.

Sus años pueriles los desarrolla en la ciudad de Esquipulas. Cuando cumplió 6 años ingresó a la primaria. “Recuerdo que me decían que era un niño muy inquieto, con una gran capacidad memorística y bastante espíritu de servicio”, explicó, con rostro que refleja la nostalgia y alegría, que le provoca la remembranza de sus casi 50 primaveras transcurridas.

En aquellos tiempos de infancia sucede un hecho que marca la vida de César. Iba a cumplir los ocho años cuando en un accidente automovilístico su padre falleció, desde ese momento se constituyó en la cabeza de la familia al cuidar a sus dos hermanas menores, sin descuidar sus estudios, ya que su madre comienza a trabajar. “A pesar del esfuerzo y sacrificio, nunca nos faltó el cariño maternal”, apuntó.

“En la adolescencia descubrí el mundo, el amor y el tomarse una cerveza”, afirma con una risa que delata la picardía de lo vivido en aquellos años. En el Instituto Nacional de Esquipulas, cursa los básicos, en esta época comienza a proyectar su liderazgo como presidente de la Asociación de Estudiantes, forma parte de un grupo de teatro, de la estudiantina,  de la banda escolar y seleccionado de baloncesto.

“En mi juventud explotamos el recurso natural que existía en Esquipulas, en aquella época no hubo río, laguna, montaña que no hayamos descubierto con mis amigos”, mencionó César, con un ritmo de voz acelerada. Por otra parte, en este momento sintió la represión por el conflicto armado. “Ir al cine por las noches era peligroso, en la salida estaba el Ejército y capturaba a los jóvenes para que prestaran el servicio militar obligatorio”.

La oratoria es una de las cualidades más preponderantes de César Paiz, esto es respaldado por los múltiples premios alcanzados desde la adolescencia. A raíz de un concurso de oratoria que no ganó, Víctor Hugo de León, el entonces presidente de la Asociación de Periodistas de Guatemala (APG) y de la Asociación de Escritores Guatemaltecos, tramitó una beca para que estudiara Magisterio en el Instituto Rafael Aqueche, en la capital guatemalteca.

Su reconocimiento inicial como orador fue el primer lugar departamental en Chiquimula, que le sirvió como pasaporte para el concurso nacional, el cual se llevó a cabo en la ciudad de Antigua Guatemala, ocupando el primer lugar y corroborándolo en el concurso Juventud, que se celebra en el Colegio Don Bosco. Estos galardones le abrieron la puerta para el evento centroamericano, realizado en San Salvador, capital salvadoreña. “El 22 de agosto de 1976 me nombraron el primer lugar de oratoria de Centro América”, expresó.

Luego vino una serie de festivales y concursos de oratoria, tanto a nivel latinoamericano como mundial. En julio de 1980, se le acredita como campeón mundial de oratoria en Hamburgo, Alemania. “Desafortunadamente, en mi regresó a Guatemala (después de la distinción mundial) en una reunión familiar en Esquipulas, entró gente armada del Ejército a mi domicilio, me secuestraron y allí se terminó la vida en la oratoria de César Paiz”, comunicó, aguándosele los ojos al narrar la truncada vida artística del campeón mundial de oratoria.

“En los días de cautiverio (nunca tuve lucidez mental) estuve drogado todo el tiempo, era la época del famoso suero de la verdad. La argumentación de mis captores era que, supuestamente, había declarado en Alemania que con el dinero del premio financiaría mí candidatura presidencial. Desde este momento me vieron como rival político”, narró con el ceño fruncido por la molestia que le embarga la injusticia.

César Paiz apareció tirado, amordazado, torturado e inconsciente, con algodones con gasolina en las fosas nasales y la boca, en la ruta al Atlántico. Su liberación fue gracias a la presión internacional y de los medios de difusión masivos guatemaltecos, a los cuales “Checha” les estará eternamente agradecido. Esto sucedió el 26 de julio de 1980, después de estar privado de su libertad entre cuatro y seis días, sin recordarlo con precisión. Según Paiz, la intención de los secuestradores era eliminarlo.

Después del plagio sale al exilio en México, donde se oculta por algunos años. A su regreso a Guatemala, viene manejando un bajo perfil por miedo a ser asesinado, se inscribe nuevamente en la Escuela de Ciencias de la Comunicación (ECC) de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC). “Es aquí cuando creo a ‘Maclovio Trompa de Hule’, un personaje del movimiento estudiantil, en 1987 ganó el rey feato, en 1988 el Honorable Comité de Huelga me concede la monarquía vitalicia, luego de la deserción de Chichicaste Picón”. Concluyó César Paiz, quien con la creación de su célebre personaje le da continuidad a su vida como orador.

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