Anécdotas en un país que se hunde

Por: Mario Rodriguez

Los días 11 y 12 de octubre se llevó a cabo una reunión muy particular. Una conferencia de donantes y gobierno, cuyo objetivo fue solicitar una cooperación de 1,500 millones de dólares para la reconstrucción del país después de los destrozos causados por el volcán Pacaya y las dos tormentas tropicales.

En esas mismas fechas, el ministro de finanzas anunció la implementación de un impuesto de reconstrucción local aplicable a todos los asalariados. Mientras tanto el CACIF (los dueños del país) se apresuraron a decir que “era inadmisible que planeen nuevos impuestos”. El 70% de los ingresos fiscales provienen de impuestos indirectos que pagan los que menos tienen. Mientras los grandes capitales que aportan cada vez menos a las arcas fiscales, exigen infraestructura para operar, pero se niegan a pagar impuestos.

Libre mercado sí, siempre y cuando el Estado asuma los costos, socialice entre los pobres los impuestos y permita privatizar las ganancias. Adam Smith se volvería a morir ante tanta desfachatez.

En octubre del año pasado (2009) el presidente Colom decidió declarar estado de calamidad pública todo el territorio nacional, debido a las consecuencias de la insuficiencia alimentaria y nutricional provocada por la sequía que afectó a los departamentos del Corredor Seco. Este año, el presidente volvió declarar estado de calamidad pública, ahora no por la falta de agua, sino por exceso de la misma.

Dos tormentas tropicales dañaron las cosechas y destruyeron la infraestructura del país, el Estado se encuentra sin fondos porque los ricos se niegan a pagar impuestos y la corrupción hacen fiesta, por ello el país pide limosna a la comunidad internacional. El otro año, ¿qué desastre tendremos la suerte de sufrir, para que sigamos viviendo de la limosna internacional?

Por mala suerte, padecemos de cada situación vergonzosa e insostenible que hasta las celebraciones nos parecen grotescas. En casi todo el mundo fue celebrado el Día Mundial de la Alimentación, una acción emprendida por la FAO para llamar la atención al flagelo del hambre que afecta a más de mil millones de personas en el mundo. En Guatemala, a pesar que tenemos una Ley de Seguridad Alimentaria y una Secretaria del mismo tipo, la situación cada día va para peor, basta con observar el vergonzoso primer lugar que ostentamos entre los países hambrientos más ricos del mundo.

Así como lo oye. Por eso aquí la celebración del Día Mundial de la Alimentación es un chiste doloroso y cruel, que pasó relegado a nada, comparado con la publicidad y movilización que alcanzo el llamado “macdía” infeliz de una transnacional de la alimentación que aprovechándose de la situación, llena a la sociedad de una caridad que denigra a quién la recibe y les permite a los empresarios evadir impuestos con impunidad y respaldo de la ciudadanía.

¿A quién le importa que se mueran de hambre seres humanos en un país lleno de riqueza? La mala suerte de Guatemala, quizás sea la indiferencia de la gente.

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